En la entrada pasada, estuvimos charlando sobre los títulos de tratamiento en el idioma español. Son útiles, frecuentes y se encuentran generalizados en la cultura y lengua españolas. Mencioné algunos usos de señor, señora y señorita, así como de títulos profesionales (doctor, licenciado, etc.) y de los títulos don y doña. Estos últimos merecen una atención especial, pues ocupan una posición particular en la lengua española.
Don proviene del latín dominus, que significa señor y que también originó la palabra dueño. Doña, como es de suponer, proviene de domina (señora), término que también originó dueña. En tiempos de la Edad Media española, tanto don como doña eran fórmulas de tratamiento reservadas para los reyes, sus parientes más cercanos y altos dignatarios de la Iglesia, como arzobispos o cardenales. Infundía respeto, y se usaba con el nombre de pila o con éste y el apellido. Con el paso del tiempo, las reglas estrictas para otorgar el derecho de usar don o doña se hicieron un poco más flexibles, con lo que se extendieron a otros nobles, miembros del cuerpo militar, hidalgos y obispos. Sin embargo, en pleno siglo XVI no se usaba entre la plebe. Por eso Sancho Panza no considera apropiado que Alonso Quijano se atreva a usar un don delante de su nuevo nombre (Don Quijote de la Mancha), aunque se supone que el viejo Quijano era un hidalgo venido a menos.
En esos tiempos, el uso del don y del doña estaba regulado y registrado, pero en América no se observaron reglas tan estrictas y posiblemente se generalizó más rápido que en la península ibérica, aunque no se pudiera "demostrar" la nobleza o hidalguía de quien lo usaba. Incluso se le asignaba a indígenas americanos que hubieran ostentado altos cargos (príncipes, sacerdotes, etc.) y que los hacía presentarse como equivalentes a nobles. Vemos pues que el uso de don y doña no se extendió a la plebe hasta el siglo XX.
Hoy en día el uso de don y doña es generalizado en todo el mundo hispanohablante con diferentes grados de frecuencia y matices. En general, la regla sigue siendo la misma: delante del nombre de pila o de éste y el apellido, como por ejemplo don Juan o don Juan Quirós, doña Cecilia o doña Cecilia Martínez (no se usa nunca solo con el apellido: don Quirós o doña Martínez son imposibles). Usadas de esta forma, ambas formas de tratamiento transmiten respeto. Suele utilizarse con personas mayores o con superiores jerárquicos. En algunos países, como España, se reserva sólo para situaciones muy formales, mientras que en varios países de América Latina su uso sigue siendo muy extendido aunque las situaciones no sean muy formales. Se emplea también con cierta familiaridad con clientes a los que se conoce bien o con personas mayores que pertenecen a nuestra familia.
El uso de don y doña en solitario se le supone similar al señor o señora, pero creo que aquí intervienen varios factores culturales en juego. Decir ¿en qué le puedo servir, don? puede ser interpretado de forma diferente si estás en México a si estás en Costa Rica, por ejemplo. En México se ve como un simple sustituto de señor, pero en Costa Rica es un signo de exceso de confianza y por tanto, irrespetuoso, o también como propio de personas de baja educación. En este último país, por tanto, sería mejor usar el don sólo con el nombre o, si no se le conoce, sustituirlo por señor. La regla se aplica de igual forma a la versión femenina doña- señora. En algunos países, incluso, don y doña han experimentado la aplicación del diminutivo: doncito- doñita. En este caso, nunca se usa con el nombre de la persona. Debemos entonces aplicar las reglas propias del país o región donde nos hallemos: en México, volviendo a nuestro ejemplo, si usamos doncito o doñita se interpreta como familiaridad cariñosa, en Costa Rica como familiaridad irrespetuosa o propio de personas sin educación. Por tanto, mi recomendación es usar el don o el doña siempre con el nombre, pero si no se conoce, utilizar el formal señor/señora.
Ahora bien, usar don o doña como un sustantivo, con un artículo o un demostrativo delante, es interpretado como tratamiento despreciativo en cualquier lugar: ese don, esta doña, el doncito me dijo, la doñita no llegó, etc.
Otro uso interesante de don o doña es a nivel comercial o en ciertas expresiones idiomáticas. Don o doña tienen una connotación de grande o formal. A veces, para dar a entender que nuestro negocio es el mejor de su clase o contiene todo lo que el cliente necesita, le ponemos como nombre "Don...": por ejemplo, "Don Tornillo", "Don Balón", etc. De la misma forma, si decimos que alguien es un Don Nadie, enfatizamos lo insignificante que es con la fórmula "don". En fábulas o cuentos infantiles, muchos personajes animales que hablan y se relacionan como si fueran vecinos humanos, son llamados don o doña para humanizarlos y a la vez civilizarlos. Así tenemos cuentos sobre Don Conejo o Don Coyote, no sobre un conejo y un coyote, sobre doña Urraca o don Tigre, no de una urraca y un tigre. El efecto es inmediato: familiaridad y identificación instántaneas. :)
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Laura Quijano, abogada, filóloga, escritora, profesora de español por más de 17 años, comparte su conocimiento de la lengua española, sus reflexiones sobre el aprendizaje del español, sus experiencias, ideas, estudios de cultura y más en este blog dedicado a quienes están interesados en la lengua española.
Bienvenidos al Blog.
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Tuesday, June 9, 2009
Wednesday, May 27, 2009
Títulos de tratamiento
En nuestra vida diaria acostumbrarnos a seguir ciertas reglas de cortesía que son similares en diferentes culturas y países. Una de ellas es la costumbre de dar "títulos de tratamiento" a las personas, los cuales no tienen nada que ver con sus nombres. Por ejemplo, en inglés existen "mister" o Mr., "mistress", Mrs., Miss. En francés encontramos "monsieur", "madame", mademoiselle", etc. En alemán tenemos Herr, Frau, Fräulein, etc. En italiano ncontramos "signore", "signora", "signorina", etc. Y podríamos continuar con una larga lista de títulos en muchos otros idiomas. El español, como es natural, también los tiene: señor, señora, señorita, don, doña. A estos títulos de tratamiento hay que añadir los que corresponden a la academia o a la práctica profesional: doctor o Dr., licenciado o Lic., ingeniero o Ing., etc. Normalmente no representan un problema para el estudiante de español, aunque algunas veces se presentan situaciones extrañas o confusas en el uso de estas palabras.
En general, señor, señora o señorita pueden usarse solos o junto al nombre de la persona. Es un tratamiento respetuoso y cortés, formal, que se utiliza con personas que no conocemos o en eventos solemnes. También se trata de señor o señora a una autoridad (el jefe, un policía) o a un cliente en una tienda o centro de servicios (Buenos días, señor, ¿en qué le puedo ayudar?). Decir "¿cómo está, señora?" es tan apropiado como decir "¿cómo está, señora Rodríguez?" (si conoce el apellido de la persona). No es usual colocar el nombre de pila junto a esta forma de tratamiento sin el apellido, por ejemplo, "señora Juana". Se prefiere usar el nombre con el apellido, o solo: señora Juana Campos, o simplemente, señora. El uso de señorita ha decaído en los últimos años. Este tratamiento se reservaba a las mujeres solteras, que normalmente eran jóvenes. Hoy en día, sin embargo, suele reservarse a mujeres jóvenes en general, en situaciones muy formales, pero si su aspecto no es juvenil se prefiere señora, sin importar su estado civil -a menos que la persona indique lo contrario-. En una situación informal, el título señorita desaparece por completo. En algunos países, por ejemplo, para dirigirse a la dependienta de una tienda o a una mesera con aspecto juvenil, se le llama joven en vez de señorita. Sin embargo, si en esos casos el estudiante de español usa "señorita", es perfectamente apropiado y no tendrá ningún problema.
Los términos don y doña son especiales. De vieja data, pues existen desde épocas medievales, hoy son moneda corriente en el lenguaje coloquial castellano. Hace mucho tiempo eran correspondientes a títulos nobiliarios. Luego se transformaron en fórmulas de profundo respeto. Hoy en día, sin embargo, son títulos más familiares, que se usan con personas mayores que nosotros (nunca a personas menores que nosotros) o en posición de autoridad, pero con quienes tenemos una situación de cercanía. También se usa con clientes o pacientes con quienes se mantiene una relación cercana, aunque sean menores que nosotros. Desde este punto de vista, son menos formales que señor o señora. Se usan normalmente con el nombre de pila, como por ejemplo don Rodrigo, don Carlos, doña Patricia, doña Marta. En situaciones mucho más formales, pueden usarse con el nombre y el apellido: Don Rodrigo González, doña Marta Sánchez. En estos casos son el equivalente a señor y a señora. Nunca se usan con el apellido directamente: Don González no es posible. Finalmente, no se deben usar solos (Oiga, don, ¿qué hora es?), pues pierden su sentido formal y hasta pueden ser tenidos como irrespetuosos en algunos casos.
En general, don y doña son preferidos por los hispanoparlantes frente a señor y señora: Si puedes decir don Roberto en vez de señor Martínez, dirás don Roberto. Es una tendencia cultural.
En el caso de doctor, licenciado, o ingeniero, son títulos académicos o profesionales que suelen usarse en situaciones relacionadas con la actividad profesional o en situaciones de mucha formalidad. Incluso en algunos países, el término doctor se usa como señor, aunque la persona no sea un médico o no tenga el título académico propiamente dicho. Es importante no olvidar mantener el género: a las mujeres se les dirá doctora, licenciada o ingeniera.
Finalmente, cuando vamos a pronunciar un discurso y nos dirigimos a un público amplio, diremos: "Damas y caballeros, (o bien, señoras y señores) este artículo ha llegado a su fin. Gracias."
En artículos futuros, comentaremos otros aspectos interesantes de estos títulos de tratamiento.
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En general, señor, señora o señorita pueden usarse solos o junto al nombre de la persona. Es un tratamiento respetuoso y cortés, formal, que se utiliza con personas que no conocemos o en eventos solemnes. También se trata de señor o señora a una autoridad (el jefe, un policía) o a un cliente en una tienda o centro de servicios (Buenos días, señor, ¿en qué le puedo ayudar?). Decir "¿cómo está, señora?" es tan apropiado como decir "¿cómo está, señora Rodríguez?" (si conoce el apellido de la persona). No es usual colocar el nombre de pila junto a esta forma de tratamiento sin el apellido, por ejemplo, "señora Juana". Se prefiere usar el nombre con el apellido, o solo: señora Juana Campos, o simplemente, señora. El uso de señorita ha decaído en los últimos años. Este tratamiento se reservaba a las mujeres solteras, que normalmente eran jóvenes. Hoy en día, sin embargo, suele reservarse a mujeres jóvenes en general, en situaciones muy formales, pero si su aspecto no es juvenil se prefiere señora, sin importar su estado civil -a menos que la persona indique lo contrario-. En una situación informal, el título señorita desaparece por completo. En algunos países, por ejemplo, para dirigirse a la dependienta de una tienda o a una mesera con aspecto juvenil, se le llama joven en vez de señorita. Sin embargo, si en esos casos el estudiante de español usa "señorita", es perfectamente apropiado y no tendrá ningún problema.
Los términos don y doña son especiales. De vieja data, pues existen desde épocas medievales, hoy son moneda corriente en el lenguaje coloquial castellano. Hace mucho tiempo eran correspondientes a títulos nobiliarios. Luego se transformaron en fórmulas de profundo respeto. Hoy en día, sin embargo, son títulos más familiares, que se usan con personas mayores que nosotros (nunca a personas menores que nosotros) o en posición de autoridad, pero con quienes tenemos una situación de cercanía. También se usa con clientes o pacientes con quienes se mantiene una relación cercana, aunque sean menores que nosotros. Desde este punto de vista, son menos formales que señor o señora. Se usan normalmente con el nombre de pila, como por ejemplo don Rodrigo, don Carlos, doña Patricia, doña Marta. En situaciones mucho más formales, pueden usarse con el nombre y el apellido: Don Rodrigo González, doña Marta Sánchez. En estos casos son el equivalente a señor y a señora. Nunca se usan con el apellido directamente: Don González no es posible. Finalmente, no se deben usar solos (Oiga, don, ¿qué hora es?), pues pierden su sentido formal y hasta pueden ser tenidos como irrespetuosos en algunos casos.
En general, don y doña son preferidos por los hispanoparlantes frente a señor y señora: Si puedes decir don Roberto en vez de señor Martínez, dirás don Roberto. Es una tendencia cultural.
En el caso de doctor, licenciado, o ingeniero, son títulos académicos o profesionales que suelen usarse en situaciones relacionadas con la actividad profesional o en situaciones de mucha formalidad. Incluso en algunos países, el término doctor se usa como señor, aunque la persona no sea un médico o no tenga el título académico propiamente dicho. Es importante no olvidar mantener el género: a las mujeres se les dirá doctora, licenciada o ingeniera.
Finalmente, cuando vamos a pronunciar un discurso y nos dirigimos a un público amplio, diremos: "Damas y caballeros, (o bien, señoras y señores) este artículo ha llegado a su fin. Gracias."
En artículos futuros, comentaremos otros aspectos interesantes de estos títulos de tratamiento.
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Friday, May 15, 2009
¿La "h" es útil?
Si pensamos en la pronunciación, el español es una lengua fácil de aprender. Sus reglas de pronunciación son muy sencillas. Lo único que los profesores de español advertimos a nuestros estudiantes es que unas pocas letras del alfabeto español poseen reglas de pronunciación muy particulares, pero la mayoría tienen un único sonido asociado invariable. De las pocas excepciones, una letra que destaca es la h. En español, la h sólo "suena" cuando se acompaña de la c en la combinación ch. Durante muchos años, los diccionarios españoles consideraron a la ch como una letra más del alfabeto, aunque hoy en día se vuelve a incluir dentro del apartado de la c. Su sonido es muy especial y también invariable. Aparte de este caso, sólo cuando la unimos a la s, en expresiones como "¡shh!", podemos "escuchar" un sonido. En general, en el resto de los casos, tenemos que la h presenta la extraña característica de que no suena. Es muda. Si no suena, podrían ustedes pensar, ¿para qué sirve?
El problema es que dicha falta de sonido es causa de muchos errores ortográficos cuando se escribe en español, no sólo de parte de estudiantes extranjeros sino de los mismos hispanohablantes también. Se destina mucho tiempo a enseñar a los niños y adolescentes a escribir correctamente la h en un inmenso número de palabras y a evitarla en otro enorme número de palabras también. Tan abultado es el problema que algunos escritores y lingüistas han propuesto que se elimine. Sin embargo, la h continúa existiendo en el idioma español y no parece que vaya a desaparecer ni pronto ni en mucho tiempo.
La pregunta es entonces, ¿acaso la h es útil? ¿Por qué insistimos en utilizarla? Sólo se la usa en el idioma escrito, claro está, pues en la lengua hablada desaparece por completo*, pero como ustedes mismos pueden comprobar a lo largo de estos párrafos, yo misma la he usado constantemente.
En realidad, pienso que la h sigue existiendo en el español por dos razones: una histórica y otra práctica. La razón histórica se encuentra en el desarrollo del idioma español a lo largo del tiempo. Siendo un idioma de origen latino, la mayor parte de su vocabulario y estructuras provienen de la manera en que se hablaba y escribía el latín (en especial, el latín vulgar). Muchas palabras que se pronunciaban y se escribían con f en el latín cambiaron en el transcurso de los siglos y su sonido original de "f" se convirtió en una "h" aspirada para concluir en una h muda moderna. Encontramos ejemplos en palabras como "hijo" (filius), "hierro" (ferrum), "hacer" (facere), etc. Muchas palabras latinas o de origen griego que se escribían con h (y posiblemente tenían una pronunciación particular), hoy se escriben en español también con h, como por ejemplo "heterogéneo" (de heterus, diferente), o como "honesto" (honestus), "helio" (helius), etc. Otras palabras provenientes de otras lenguas que también contribuyeron a la formación del idioma español, como el mozárabe y ciertas lenguas germánicas, dejaron su huella en palabras que hoy contienen h, porque en su versión original correspondía a un sonido que ya no existe en nuestro español moderno. Ejemplos: "almohada", "zanahoria", "alcohol", etc. En estos casos, la h sigue siendo muda. La única excepción se encuentra en aquellas palabras de origen extranjero que conservan la pronunciación de la h del idioma original, como es el caso de "hámster", donde la h se pronuncia como una j española suave.
La razón práctica es de orden. La h permite clasificar apropiadamente las palabras, sus orígenes y sus derivaciones. Permite formar nuevas palabras y nombrar apropiadamente los objetos o los fenómenos. Además, en casos de homofonía, es decir, cuando tenemos dos palabras que suenan exactamente igual, podemos distinguir fácilmente entre las dos si una de ellas lleva una h. Por ejemplo, en las palabras "hasta" y "asta", "haya" y "aya", "hola" y "ola", "hay" y "ay", "hato" y "ato", etc. En la lengua hablada, las palabras homófonas se distinguen por el contexto y por la entonación. En la lengua escrita se distinguen inmediatamente por una diferencia de grafía, como la h.
En suma, aunque pueda parecer inútil e incluso, confusa, la h sigue teniendo una gran presencia y enorme relevancia en el idioma español. La mejor manera de recordar cuándo se escribe y cuándo no, es practicando una lectura constante, lo cual siempre es la mejor fuente de adquisición de vocabulario.
*Algunas comunidades de España suelen pronunciar un sonido suave en la h inicial de ciertas palabras, como un resabio de otras épocas cuando dichas palabras se escribían con f.
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El problema es que dicha falta de sonido es causa de muchos errores ortográficos cuando se escribe en español, no sólo de parte de estudiantes extranjeros sino de los mismos hispanohablantes también. Se destina mucho tiempo a enseñar a los niños y adolescentes a escribir correctamente la h en un inmenso número de palabras y a evitarla en otro enorme número de palabras también. Tan abultado es el problema que algunos escritores y lingüistas han propuesto que se elimine. Sin embargo, la h continúa existiendo en el idioma español y no parece que vaya a desaparecer ni pronto ni en mucho tiempo.
La pregunta es entonces, ¿acaso la h es útil? ¿Por qué insistimos en utilizarla? Sólo se la usa en el idioma escrito, claro está, pues en la lengua hablada desaparece por completo*, pero como ustedes mismos pueden comprobar a lo largo de estos párrafos, yo misma la he usado constantemente.
En realidad, pienso que la h sigue existiendo en el español por dos razones: una histórica y otra práctica. La razón histórica se encuentra en el desarrollo del idioma español a lo largo del tiempo. Siendo un idioma de origen latino, la mayor parte de su vocabulario y estructuras provienen de la manera en que se hablaba y escribía el latín (en especial, el latín vulgar). Muchas palabras que se pronunciaban y se escribían con f en el latín cambiaron en el transcurso de los siglos y su sonido original de "f" se convirtió en una "h" aspirada para concluir en una h muda moderna. Encontramos ejemplos en palabras como "hijo" (filius), "hierro" (ferrum), "hacer" (facere), etc. Muchas palabras latinas o de origen griego que se escribían con h (y posiblemente tenían una pronunciación particular), hoy se escriben en español también con h, como por ejemplo "heterogéneo" (de heterus, diferente), o como "honesto" (honestus), "helio" (helius), etc. Otras palabras provenientes de otras lenguas que también contribuyeron a la formación del idioma español, como el mozárabe y ciertas lenguas germánicas, dejaron su huella en palabras que hoy contienen h, porque en su versión original correspondía a un sonido que ya no existe en nuestro español moderno. Ejemplos: "almohada", "zanahoria", "alcohol", etc. En estos casos, la h sigue siendo muda. La única excepción se encuentra en aquellas palabras de origen extranjero que conservan la pronunciación de la h del idioma original, como es el caso de "hámster", donde la h se pronuncia como una j española suave.
La razón práctica es de orden. La h permite clasificar apropiadamente las palabras, sus orígenes y sus derivaciones. Permite formar nuevas palabras y nombrar apropiadamente los objetos o los fenómenos. Además, en casos de homofonía, es decir, cuando tenemos dos palabras que suenan exactamente igual, podemos distinguir fácilmente entre las dos si una de ellas lleva una h. Por ejemplo, en las palabras "hasta" y "asta", "haya" y "aya", "hola" y "ola", "hay" y "ay", "hato" y "ato", etc. En la lengua hablada, las palabras homófonas se distinguen por el contexto y por la entonación. En la lengua escrita se distinguen inmediatamente por una diferencia de grafía, como la h.
En suma, aunque pueda parecer inútil e incluso, confusa, la h sigue teniendo una gran presencia y enorme relevancia en el idioma español. La mejor manera de recordar cuándo se escribe y cuándo no, es practicando una lectura constante, lo cual siempre es la mejor fuente de adquisición de vocabulario.
*Algunas comunidades de España suelen pronunciar un sonido suave en la h inicial de ciertas palabras, como un resabio de otras épocas cuando dichas palabras se escribían con f.
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Thursday, April 23, 2009
Resignación ante lo intraducible
Hace muchos años, en la televisión de mi país, aparecía un anuncio comercial de un producto para la Navidad. El producto era una marca de harina de maíz, la cual se usa para preparar muchos platos típicos de la región, entre los cuales se encuentran los "tamales", comida que suele estar en la cena de Nochebuena (o víspera de Navidad). En el anuncio comercial, una familia se reunía a cenar con tamales preparados con la marca promocionada. En el momento más importante del anuncio, el abuelo, que estaba comiendo muy complacido su propio tamal, exclamó: ¿Tamal? ¡Ta'bien! Y el resto de la familia se echaba a reír. ¿Cómo traducir esta expresión al estudiante extranjero que está aprendiendo español? Resulta, en realidad, imposible, porque se trata de un juego de palabras intraducible.
Los ejemplos de expresiones y juegos de palabras intraducibles abundan en el lenguaje coloquial y muchas veces en el lenguaje escrito. Chistes, respuestas ingeniosas, expresiones idiomáticas, nombres particulares de comidas o de animales, canciones y bailes, en fin, la lista es larga. Es parte de la riqueza de un idioma, y tarde o temprano el estudiante de lenguas extranjeras se encontrará con casos de este tipo. No hay motivo para frustrarse. Ni tampoco para intentar traducirlo. No es necesario traducirlo todo. Incluso los traductores profesionales, cuando tropiezan con juegos de palabras intraducibles, dejan una nota en el texto donde explican la expresión, precisamente porque no pueden traducirla.
En otros idiomas existen ejemplos similares. En mi caso, he encontrado muchas veces ejemplos de expresiones inglesas o juegos de palabras que no puedo traducir y que es preciso entender en su contexto original. En el caso de mis estudiantes de español, la situación es la misma. ¿Cuál es la mejor estrategia frente a este tipo de "problema"? En realidad, sólo resignación. Conforme un estudiante de idiomas obtiene más conocimientos y más comprensión de la lengua que está estudiando, se dará cuenta de que las expresiones intraducibles se vuelven claras, fáciles de comprender, y no sentirá la necesidad de traducirla. Resulta una señal magnífica de nos introducimos dentro de toda una cultura nueva. ¡Disfrútenlo!
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Los ejemplos de expresiones y juegos de palabras intraducibles abundan en el lenguaje coloquial y muchas veces en el lenguaje escrito. Chistes, respuestas ingeniosas, expresiones idiomáticas, nombres particulares de comidas o de animales, canciones y bailes, en fin, la lista es larga. Es parte de la riqueza de un idioma, y tarde o temprano el estudiante de lenguas extranjeras se encontrará con casos de este tipo. No hay motivo para frustrarse. Ni tampoco para intentar traducirlo. No es necesario traducirlo todo. Incluso los traductores profesionales, cuando tropiezan con juegos de palabras intraducibles, dejan una nota en el texto donde explican la expresión, precisamente porque no pueden traducirla.
En otros idiomas existen ejemplos similares. En mi caso, he encontrado muchas veces ejemplos de expresiones inglesas o juegos de palabras que no puedo traducir y que es preciso entender en su contexto original. En el caso de mis estudiantes de español, la situación es la misma. ¿Cuál es la mejor estrategia frente a este tipo de "problema"? En realidad, sólo resignación. Conforme un estudiante de idiomas obtiene más conocimientos y más comprensión de la lengua que está estudiando, se dará cuenta de que las expresiones intraducibles se vuelven claras, fáciles de comprender, y no sentirá la necesidad de traducirla. Resulta una señal magnífica de nos introducimos dentro de toda una cultura nueva. ¡Disfrútenlo!
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Wednesday, April 15, 2009
El Día del Español
Una de las experiencias más interesantes que suceden a los estudiantes de idiomas es la oportunidad de viajar al extranjero y vivir por unos días, unas semanas o incluso uno o dos meses en el país donde se habla la lengua que estudian. En el caso de los estudiantes de español, estas posibilidades se amplían, pues existen numerosos países donde el español es hablado como lengua materna, donde muchas escuelas de idiomas están dedicadas a recibirlos y hacer realidad una experiencia de "inmersión". Ahora bien, no siempre podemos tener esa experiencia. O muchas veces no podemos extenderla más allá de dos semanas, pero nos gustaría muchísimo vivirla por más tiempo. Pues entonces, nos volvemos creativos e inventamos tácticas para mantener un cierto nivel de inmersión en nuestro propio hogar. Les voy a contar qué hicimos nosotros (mi familia y yo) para crear una táctica de inmersión -en nuestro caso, para el idioma inglés-. Creamos el English Day.
¿En qué consiste? Pues designamos un día de la semana -en nuestro caso fue el miércoles- para hablar solamente inglés. No importaba qué ibamos a decir o qué necesitábamos preguntar. Lo hacíamos en inglés. Encendimos sólo canales en inglés (disponemos de acceso a canales estadounidenses), que suelen transmitir noticias, series, anuncios comerciales, y otros programas. De hecho, manteníamos dichos canales encendidos el día entero, pues así teníamos un audio en inglés todo el día. Utilizábamos materiales de lectura también, solo en inglés, y lo más importante: nos manteníamos en el idioma. Los adultos marcamos el ritmo. Los niños, entonces, lo siguen.
Al principio fue cansado, porque no es igual decir unas pocas frases o leer un texto, que tener que expresar todo cuanto pensamos en una lengua extranjera. Necesitamos recurrir a todos nuestros conocimientos, incluso investigar, para poder expresarnos eficientemente. Uno de los aspectos que presentó mayores desafíos era el vocabulario relacionado con las actividades domésticas diarias que no suele aparecer en las listas de vocabulario de los libros de texto o en las clases formales, como por ejemplo las expresiones relacionadas con la cocina, la costura, tipos de peinados, el acicalamiento diario, y otras por el estilo. Otro aspecto que debió ser incluido fue el lenguaje de la corrección: cuando corregimos a un niño, o le damos intrucciones relacionadas con sus deberes, etc. Y naturalmente, descubrimos que desconocíamos gran parte del vocabulario básico del día a día. Para resolver problemas de comprensión, disponíamos de diccionarios (algunos diccionarios electrónicos incluyen la pronunciación adecuada) y también aprendíamos algunos significados por el contexto (en este caso, los canales en inglés fueron de muchísima utilidad, pues los anuncios comerciales y las noticias o ciertos programas utilizan mucho vocabulario del día a día).
Con el trancurso de las semanas, empezamos a notar grandes progresos, tanto en los niños como en los adultos. Nuestras respuestas se hicieron más naturales. Nuestro discurso, más fluido. Nuestro conocimiento, más amplio. ¡Un solo día a la semana, hablando, escuchando y leyendo en la lengua extranjera-objetivo y dio resultados magníficos! Si al principio fue cansado hablar unas cuantas horas en lengua extranjera, después fue natural seguir hablando ¡al día siguiente!
Lo propongo como un ejercicio divertido y reconfortante. En el caso de los estudiantes de español es tan simple como transformar el English Day en el Día del Español. En vez de hablar la lengua materna, se hablaría sólo español. Se verían sólo canales en español. Se leerían sólo revistas o periódicos -o libros- en español. Y pronto se darían cuenta de que estarían pensando en español.
El intento vale la pena. Créanme.
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¿En qué consiste? Pues designamos un día de la semana -en nuestro caso fue el miércoles- para hablar solamente inglés. No importaba qué ibamos a decir o qué necesitábamos preguntar. Lo hacíamos en inglés. Encendimos sólo canales en inglés (disponemos de acceso a canales estadounidenses), que suelen transmitir noticias, series, anuncios comerciales, y otros programas. De hecho, manteníamos dichos canales encendidos el día entero, pues así teníamos un audio en inglés todo el día. Utilizábamos materiales de lectura también, solo en inglés, y lo más importante: nos manteníamos en el idioma. Los adultos marcamos el ritmo. Los niños, entonces, lo siguen.
Al principio fue cansado, porque no es igual decir unas pocas frases o leer un texto, que tener que expresar todo cuanto pensamos en una lengua extranjera. Necesitamos recurrir a todos nuestros conocimientos, incluso investigar, para poder expresarnos eficientemente. Uno de los aspectos que presentó mayores desafíos era el vocabulario relacionado con las actividades domésticas diarias que no suele aparecer en las listas de vocabulario de los libros de texto o en las clases formales, como por ejemplo las expresiones relacionadas con la cocina, la costura, tipos de peinados, el acicalamiento diario, y otras por el estilo. Otro aspecto que debió ser incluido fue el lenguaje de la corrección: cuando corregimos a un niño, o le damos intrucciones relacionadas con sus deberes, etc. Y naturalmente, descubrimos que desconocíamos gran parte del vocabulario básico del día a día. Para resolver problemas de comprensión, disponíamos de diccionarios (algunos diccionarios electrónicos incluyen la pronunciación adecuada) y también aprendíamos algunos significados por el contexto (en este caso, los canales en inglés fueron de muchísima utilidad, pues los anuncios comerciales y las noticias o ciertos programas utilizan mucho vocabulario del día a día).
Con el trancurso de las semanas, empezamos a notar grandes progresos, tanto en los niños como en los adultos. Nuestras respuestas se hicieron más naturales. Nuestro discurso, más fluido. Nuestro conocimiento, más amplio. ¡Un solo día a la semana, hablando, escuchando y leyendo en la lengua extranjera-objetivo y dio resultados magníficos! Si al principio fue cansado hablar unas cuantas horas en lengua extranjera, después fue natural seguir hablando ¡al día siguiente!
Lo propongo como un ejercicio divertido y reconfortante. En el caso de los estudiantes de español es tan simple como transformar el English Day en el Día del Español. En vez de hablar la lengua materna, se hablaría sólo español. Se verían sólo canales en español. Se leerían sólo revistas o periódicos -o libros- en español. Y pronto se darían cuenta de que estarían pensando en español.
El intento vale la pena. Créanme.
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Friday, April 3, 2009
¿Estás cansado? Es mejor no insistir...
Todos sabemos que para alcanzar nuestras metas debemos trabajar duro, en especial cuando realmente queremos dominar un nuevo conocimiento o una nueva habilidad. "La práctica hace al maestro" se dice, y es cierto. En el caso de aprender una lengua extranjera -como el español-, sabemos que no será un asunto de unos cuantos días. Se requiere tiempo y esfuerzo para alcanzar un alto nivel de dominio del idioma. Y he podido notar, a lo largo de los años, que muchos estudiantes se toman muy en serio este objetivo y dedican horas de estudio y práctica para alcanzar su fin. El entusiasmo les facilita la dedicación y el esfuerzo se paga con el triunfo.
Pero a veces, alguien cruza una línea y ese esfuerzo se vuelve contraproducente. ¿Cuándo detenerse?
Existe un fenómeno común entre los estudiantes que dedican horas excesivas al estudio: el embotamiento. Si caes en él, sientes de pronto que no comprendes nada, no recuerdas nada, e incluso lo más básico parece desaparecer de tu memoria. De pronto, un estudiante embotado descubre que su avance se ha detenido e incluso, que ha retrocedido. Los conocimientos que solía dominar, los ha olvidado. Los que recientemente adquirió, han desaparecido. Escucha al profesor y se da cuenta, desalentado, que ya no le comprende. La situación es descorazonadora.
¿Qué sucede? Pues, el embotamiento es un síntoma de cansancio. El estudiante está posiblemente muy cansado y su mente reacciona de inmediato, negándose a aceptar nuevos datos o a reciclar los antiguos para poder descansar.
No hay motivos de pánico. La solución es sencilla. Lo único que un estudiante embotado necesita hacer es descansar. Se puede descansar durmiendo, viendo un programa de televisión en la lengua materna, o haciendo algunas otras actividades recreativas o deportivas en donde no necesite usar el nuevo idioma. Una vez que ha reposado su mente, descubrirá que el embotamiento desaparece y puede seguir estudiando y aprendiendo sin problemas.
Este fenómeno es más común en los estudiantes que se encuentran en un país donde se habla la lengua que están estudiando. En el caso del español, suele ocurrir cuando estudian en una escuela en algún país de habla hispana. Muchas veces, como disponen de unas pocas semanas para estudiar, piensan que no deben "perder" el tiempo saliendo a pasear en las tardes o visitando un museo. Muchos de ellos creen que si están en el extranjero aprendiendo español, es su deber estudiar todas las horas posibles e insistir aún cuando se sienten cansados. El resultado es el embotamiento.
No hay de qué preocuparse. Si te encuentras en un país de habla hispana y sólo estarás un par de semanas, no te sientas culplable si sales en la tarde a caminar por el pueblo. Aunque no tengas los libros delante, sigues expuesto al idioma y sigues aprendiendo. Al mismo tiempo, te revitalizas para continuar tu aprendizaje formal y disfrutas la visita y el viaje.
Cada persona es diferente. Algunas personas son más resistentes que otras, pero todas tienen su punto propio en el que ya están cansadas. Si te sientes "lento", si te distraes fácilmente, si no logras recordar las palabras más simples, en suma, si te sientes cansado, no insistas. Detente y descansa. Tu aprendizaje será más seguro y mejor.
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Pero a veces, alguien cruza una línea y ese esfuerzo se vuelve contraproducente. ¿Cuándo detenerse?
Existe un fenómeno común entre los estudiantes que dedican horas excesivas al estudio: el embotamiento. Si caes en él, sientes de pronto que no comprendes nada, no recuerdas nada, e incluso lo más básico parece desaparecer de tu memoria. De pronto, un estudiante embotado descubre que su avance se ha detenido e incluso, que ha retrocedido. Los conocimientos que solía dominar, los ha olvidado. Los que recientemente adquirió, han desaparecido. Escucha al profesor y se da cuenta, desalentado, que ya no le comprende. La situación es descorazonadora.
¿Qué sucede? Pues, el embotamiento es un síntoma de cansancio. El estudiante está posiblemente muy cansado y su mente reacciona de inmediato, negándose a aceptar nuevos datos o a reciclar los antiguos para poder descansar.
No hay motivos de pánico. La solución es sencilla. Lo único que un estudiante embotado necesita hacer es descansar. Se puede descansar durmiendo, viendo un programa de televisión en la lengua materna, o haciendo algunas otras actividades recreativas o deportivas en donde no necesite usar el nuevo idioma. Una vez que ha reposado su mente, descubrirá que el embotamiento desaparece y puede seguir estudiando y aprendiendo sin problemas.
Este fenómeno es más común en los estudiantes que se encuentran en un país donde se habla la lengua que están estudiando. En el caso del español, suele ocurrir cuando estudian en una escuela en algún país de habla hispana. Muchas veces, como disponen de unas pocas semanas para estudiar, piensan que no deben "perder" el tiempo saliendo a pasear en las tardes o visitando un museo. Muchos de ellos creen que si están en el extranjero aprendiendo español, es su deber estudiar todas las horas posibles e insistir aún cuando se sienten cansados. El resultado es el embotamiento.
No hay de qué preocuparse. Si te encuentras en un país de habla hispana y sólo estarás un par de semanas, no te sientas culplable si sales en la tarde a caminar por el pueblo. Aunque no tengas los libros delante, sigues expuesto al idioma y sigues aprendiendo. Al mismo tiempo, te revitalizas para continuar tu aprendizaje formal y disfrutas la visita y el viaje.
Cada persona es diferente. Algunas personas son más resistentes que otras, pero todas tienen su punto propio en el que ya están cansadas. Si te sientes "lento", si te distraes fácilmente, si no logras recordar las palabras más simples, en suma, si te sientes cansado, no insistas. Detente y descansa. Tu aprendizaje será más seguro y mejor.
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Friday, March 27, 2009
Tácticas diversas: la descripción
Supongamos que estamos en el punto en que hemos aprendido las técnicas básicas de la comunicación en español, a construir oraciones coherentes y a expresar nuestros pensamientos, pero queremos ampliar nuestro vocabulario, enriquecer nuestras posibilidades de expresión, profundizar. Le lectura, como antes señalamos, es un recurso magnífico para lograr esos objetivos. Cuanto más leemos, más sabemos. Cuanto más sabemos, mejor nos expresamos. Al fin y al cabo, nuestro objetivo es poder expresarnos en español de forma fluida y compleja. Pero la lectura es sólo una táctica para alcanzar nuestro objetivo. Es muy recomendable desarrollar otras tácticas que nos ayuden a alcanzar ese objetivo. Una de esas tácticas, que podemos aplicar en la escritura y en la expresión oral, es la descripción.
¿Descripción? Sí, explicar en palabras lo que vemos. Algunos dirán que resulta demasiado básico para enriquecer nuestros conocimientos. Pienso que no. Al contrario. Ejercitar nuestra capacidad de descripción enriquece nuestro vocabulario y nuestra manera de apreciar el nuevo idioma.
Para una descripción en español solemos pensar primero en verbos básicos como ser, estar y haber. Son verbos esenciales, que suelen convertirse en un verdadero desafío para la mayoría de los estudiantes de español. Aprender a usarlos mientras se describe es una técnica maravillosa para comprenderlos y dominarlos. Sin embargo, no es necesario limitarnos sólo a esos tres verbos. Podemos también enriquecer nuestro repertorio verbal con otros verbos muy apropiados para la descripción como "encontrarse", "hallarse", "situarse", "consistir", "existir", y otros. Combinándolos, podemos crear textos mucho más complejos e interesantes de lo que imaginábamos al principio.
¿Qué podemos describir? Pues cualquier cosa funciona. Se puede utilizar una fotografía o una parte de nuestra casa u oficina. Se puede seleccionar un paisaje, real o pintado. Las posibilidades son numerosas, aunque lo mejor es comenzar por lo más sencillo. Un ejemplo: describamos nuestra cocina. Hablamos de su tamaño, del color o colores que encontramos en ella, de los muebles y el piso, de los aparatos electrodomésticos, de la comida que guardamos o preparamos allí y de las actividades que suelen realizarse. Cuando nos damos cuenta, habremos aprendido gran cantidad de palabras nuevas, formas de expresar lo mismo, nuevos verbos, etc. Y por supuesto, habremos creado nuestros propios textos o discursos.
Adelante. Allí está la sala de estar o el comedor, el jardín o la cochera, la calle principal del pueblo donde vivimos, nuestro centro comercial favorito, el restaurante que frecuentamos o la escuela de nuestros hijos, la oficina donde trabajamos, nuestro auto viejo o el nuevo computador que adquirimos, nuestros vecinos o nuestra familia, el jefe o el chico de la fotocopiadora, la playa o la montaña... ¡El universo es inmenso y está allí esperando a que lo pintemos con nuestras palabras!
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¿Descripción? Sí, explicar en palabras lo que vemos. Algunos dirán que resulta demasiado básico para enriquecer nuestros conocimientos. Pienso que no. Al contrario. Ejercitar nuestra capacidad de descripción enriquece nuestro vocabulario y nuestra manera de apreciar el nuevo idioma.
Para una descripción en español solemos pensar primero en verbos básicos como ser, estar y haber. Son verbos esenciales, que suelen convertirse en un verdadero desafío para la mayoría de los estudiantes de español. Aprender a usarlos mientras se describe es una técnica maravillosa para comprenderlos y dominarlos. Sin embargo, no es necesario limitarnos sólo a esos tres verbos. Podemos también enriquecer nuestro repertorio verbal con otros verbos muy apropiados para la descripción como "encontrarse", "hallarse", "situarse", "consistir", "existir", y otros. Combinándolos, podemos crear textos mucho más complejos e interesantes de lo que imaginábamos al principio.
¿Qué podemos describir? Pues cualquier cosa funciona. Se puede utilizar una fotografía o una parte de nuestra casa u oficina. Se puede seleccionar un paisaje, real o pintado. Las posibilidades son numerosas, aunque lo mejor es comenzar por lo más sencillo. Un ejemplo: describamos nuestra cocina. Hablamos de su tamaño, del color o colores que encontramos en ella, de los muebles y el piso, de los aparatos electrodomésticos, de la comida que guardamos o preparamos allí y de las actividades que suelen realizarse. Cuando nos damos cuenta, habremos aprendido gran cantidad de palabras nuevas, formas de expresar lo mismo, nuevos verbos, etc. Y por supuesto, habremos creado nuestros propios textos o discursos.
Adelante. Allí está la sala de estar o el comedor, el jardín o la cochera, la calle principal del pueblo donde vivimos, nuestro centro comercial favorito, el restaurante que frecuentamos o la escuela de nuestros hijos, la oficina donde trabajamos, nuestro auto viejo o el nuevo computador que adquirimos, nuestros vecinos o nuestra familia, el jefe o el chico de la fotocopiadora, la playa o la montaña... ¡El universo es inmenso y está allí esperando a que lo pintemos con nuestras palabras!
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