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Laura Quijano, abogada, filóloga, escritora, profesora de español por más de 17 años, comparte su conocimiento de la lengua española, sus reflexiones sobre el aprendizaje del español, sus experiencias, ideas, estudios de cultura y más en este blog dedicado a quienes están interesados en la lengua española.

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Thursday, April 23, 2009

Resignación ante lo intraducible

Hace muchos años, en la televisión de mi país, aparecía un anuncio comercial de un producto para la Navidad.  El producto era una marca de harina de maíz, la cual se usa para preparar muchos platos típicos de la región, entre los cuales se encuentran los "tamales", comida que suele estar en la cena de Nochebuena (o víspera de Navidad).  En el anuncio comercial, una familia se reunía a cenar con tamales preparados con la marca promocionada.  En el momento más importante del anuncio, el abuelo, que estaba comiendo muy complacido su propio tamal, exclamó: ¿Tamal? ¡Ta'bien! Y el resto de la familia se echaba a reír.  ¿Cómo traducir esta expresión al estudiante extranjero que está aprendiendo español?  Resulta, en realidad, imposible, porque se trata de un juego de palabras intraducible. 

Los ejemplos de expresiones y juegos de palabras intraducibles abundan en el lenguaje coloquial y muchas veces en el lenguaje escrito.  Chistes, respuestas ingeniosas, expresiones idiomáticas, nombres particulares de comidas o de animales, canciones y bailes, en fin, la lista es larga.  Es parte de la riqueza de un idioma, y tarde o temprano el estudiante de lenguas extranjeras se encontrará con casos de este tipo.   No hay motivo para frustrarse.  Ni tampoco para intentar traducirlo.  No es necesario traducirlo todo.  Incluso los traductores profesionales, cuando tropiezan con juegos de palabras intraducibles, dejan una nota en el texto donde explican la expresión, precisamente porque no pueden traducirla.

En otros idiomas existen ejemplos similares.  En mi caso, he encontrado muchas veces ejemplos de expresiones inglesas o juegos de palabras que no puedo traducir y que es preciso entender en su contexto original.  En el caso de mis estudiantes de español, la situación es la misma.  ¿Cuál es la mejor estrategia frente a este tipo de "problema"?  En realidad, sólo resignación. Conforme un estudiante de idiomas obtiene más conocimientos y más comprensión de la lengua que está estudiando, se dará cuenta de que las expresiones intraducibles se vuelven claras, fáciles de comprender, y no sentirá la necesidad de traducirla.  Resulta una señal magnífica de nos introducimos dentro de toda una cultura nueva.  ¡Disfrútenlo!

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Wednesday, April 15, 2009

El Día del Español

Una de las experiencias más interesantes que suceden a los estudiantes de idiomas es la oportunidad de viajar al extranjero y vivir por unos días, unas semanas o incluso uno o dos meses en el país donde se habla la lengua que estudian.  En el caso de los estudiantes de español, estas posibilidades se amplían, pues existen numerosos países donde el español es hablado como lengua materna, donde muchas escuelas de idiomas están dedicadas a recibirlos y hacer realidad una experiencia de "inmersión".   Ahora bien, no siempre podemos tener esa experiencia.  O muchas veces no podemos extenderla más allá de dos semanas, pero nos gustaría muchísimo vivirla por más tiempo.  Pues entonces, nos volvemos creativos e inventamos tácticas para mantener un cierto nivel de inmersión en nuestro propio hogar. Les voy a contar qué hicimos nosotros (mi familia y yo) para crear una táctica de inmersión -en nuestro caso, para el idioma inglés-. Creamos el English Day.

¿En qué consiste? Pues designamos un día de la semana -en nuestro caso fue el miércoles- para hablar solamente inglés. No importaba qué ibamos a decir o qué necesitábamos preguntar. Lo hacíamos en inglés. Encendimos sólo canales en inglés (disponemos de acceso a canales estadounidenses), que suelen transmitir noticias, series, anuncios comerciales, y otros programas. De hecho, manteníamos dichos canales encendidos el día entero, pues así teníamos un audio en inglés todo el día. Utilizábamos materiales de lectura también, solo en inglés, y lo más importante: nos manteníamos en el idioma. Los adultos marcamos el ritmo. Los niños, entonces, lo siguen.

Al principio fue cansado, porque no es igual decir unas pocas frases o leer un texto, que tener que expresar todo cuanto pensamos en una lengua extranjera. Necesitamos recurrir a todos nuestros conocimientos, incluso investigar, para poder expresarnos eficientemente. Uno de los aspectos que presentó mayores desafíos era el vocabulario relacionado con las actividades domésticas diarias que no suele aparecer en las listas de vocabulario de los libros de texto o en las clases formales, como por ejemplo las expresiones relacionadas con la cocina, la costura, tipos de peinados, el acicalamiento diario, y otras por el estilo. Otro aspecto que debió ser incluido fue el lenguaje de la corrección: cuando corregimos a un niño, o le damos intrucciones relacionadas con sus deberes, etc. Y naturalmente, descubrimos que desconocíamos gran parte del vocabulario básico del día a día. Para resolver problemas de comprensión, disponíamos de diccionarios (algunos diccionarios electrónicos incluyen la pronunciación adecuada) y también aprendíamos algunos significados por el contexto (en este caso, los canales en inglés fueron de muchísima utilidad, pues los anuncios comerciales y las noticias o ciertos programas utilizan mucho vocabulario del día a día).

Con el trancurso de las semanas, empezamos a notar grandes progresos, tanto en los niños como en los adultos. Nuestras respuestas se hicieron más naturales. Nuestro discurso, más fluido. Nuestro conocimiento, más amplio. ¡Un solo día a la semana, hablando, escuchando y leyendo en la lengua extranjera-objetivo y dio resultados magníficos! Si al principio fue cansado hablar unas cuantas horas en lengua extranjera, después fue natural seguir hablando ¡al día siguiente!

Lo propongo como un ejercicio divertido y reconfortante. En el caso de los estudiantes de español es tan simple como transformar el English Day en el Día del Español. En vez de hablar la lengua materna, se hablaría sólo español. Se verían sólo canales en español. Se leerían sólo revistas o periódicos -o libros- en español. Y pronto se darían cuenta de que estarían pensando en español.

El intento vale la pena. Créanme.

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Friday, April 3, 2009

¿Estás cansado? Es mejor no insistir...

Todos sabemos que para alcanzar nuestras metas debemos trabajar duro, en especial cuando realmente queremos dominar un nuevo conocimiento o una nueva habilidad. "La práctica hace al maestro" se dice, y es cierto. En el caso de aprender una lengua extranjera -como el español-, sabemos que no será un asunto de unos cuantos días. Se requiere tiempo y esfuerzo para alcanzar un alto nivel de dominio del idioma. Y he podido notar, a lo largo de los años, que muchos estudiantes se toman muy en serio este objetivo y dedican horas de estudio y práctica para alcanzar su fin. El entusiasmo les facilita la dedicación y el esfuerzo se paga con el triunfo.

Pero a veces, alguien cruza una línea y ese esfuerzo se vuelve contraproducente. ¿Cuándo detenerse?

Existe un fenómeno común entre los estudiantes que dedican horas excesivas al estudio: el embotamiento. Si caes en él, sientes de pronto que no comprendes nada, no recuerdas nada, e incluso lo más básico parece desaparecer de tu memoria. De pronto, un estudiante embotado descubre que su avance se ha detenido e incluso, que ha retrocedido. Los conocimientos que solía dominar, los ha olvidado. Los que recientemente adquirió, han desaparecido. Escucha al profesor y se da cuenta, desalentado, que ya no le comprende. La situación es descorazonadora.

¿Qué sucede? Pues, el embotamiento es un síntoma de cansancio. El estudiante está posiblemente muy cansado y su mente reacciona de inmediato, negándose a aceptar nuevos datos o a reciclar los antiguos para poder descansar.

No hay motivos de pánico. La solución es sencilla. Lo único que un estudiante embotado necesita hacer es descansar. Se puede descansar durmiendo, viendo un programa de televisión en la lengua materna, o haciendo algunas otras actividades recreativas o deportivas en donde no necesite usar el nuevo idioma. Una vez que ha reposado su mente, descubrirá que el embotamiento desaparece y puede seguir estudiando y aprendiendo sin problemas.

Este fenómeno es más común en los estudiantes que se encuentran en un país donde se habla la lengua que están estudiando. En el caso del español, suele ocurrir cuando estudian en una escuela en algún país de habla hispana. Muchas veces, como disponen de unas pocas semanas para estudiar, piensan que no deben "perder" el tiempo saliendo a pasear en las tardes o visitando un museo. Muchos de ellos creen que si están en el extranjero aprendiendo español, es su deber estudiar todas las horas posibles e insistir aún cuando se sienten cansados. El resultado es el embotamiento.

No hay de qué preocuparse. Si te encuentras en un país de habla hispana y sólo estarás un par de semanas, no te sientas culplable si sales en la tarde a caminar por el pueblo. Aunque no tengas los libros delante, sigues expuesto al idioma y sigues aprendiendo. Al mismo tiempo, te revitalizas para continuar tu aprendizaje formal y disfrutas la visita y el viaje.

Cada persona es diferente. Algunas personas son más resistentes que otras, pero todas tienen su punto propio en el que ya están cansadas. Si te sientes "lento", si te distraes fácilmente, si no logras recordar las palabras más simples, en suma, si te sientes cansado, no insistas. Detente y descansa. Tu aprendizaje será más seguro y mejor.

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Friday, March 27, 2009

Tácticas diversas: la descripción

Supongamos que estamos en el punto en que hemos aprendido las técnicas básicas de la comunicación en español, a construir oraciones coherentes y a expresar nuestros pensamientos, pero queremos ampliar nuestro vocabulario, enriquecer nuestras posibilidades de expresión, profundizar. Le lectura, como antes señalamos, es un recurso magnífico para lograr esos objetivos. Cuanto más leemos, más sabemos. Cuanto más sabemos, mejor nos expresamos. Al fin y al cabo, nuestro objetivo es poder expresarnos en español de forma fluida y compleja. Pero la lectura es sólo una táctica para alcanzar nuestro objetivo. Es muy recomendable desarrollar otras tácticas que nos ayuden a alcanzar ese objetivo. Una de esas tácticas, que podemos aplicar en la escritura y en la expresión oral, es la descripción.

¿Descripción? Sí, explicar en palabras lo que vemos. Algunos dirán que resulta demasiado básico para enriquecer nuestros conocimientos. Pienso que no. Al contrario. Ejercitar nuestra capacidad de descripción enriquece nuestro vocabulario y nuestra manera de apreciar el nuevo idioma.


Para una descripción en español solemos pensar primero en verbos básicos como ser, estar y haber. Son verbos esenciales, que suelen convertirse en un verdadero desafío para la mayoría de los estudiantes de español. Aprender a usarlos mientras se describe es una técnica maravillosa para comprenderlos y dominarlos. Sin embargo, no es necesario limitarnos sólo a esos tres verbos. Podemos también enriquecer nuestro repertorio verbal con otros verbos muy apropiados para la descripción como "encontrarse", "hallarse", "situarse", "consistir", "existir", y otros. Combinándolos, podemos crear textos mucho más complejos e interesantes de lo que imaginábamos al principio.

¿Qué podemos describir? Pues cualquier cosa funciona. Se puede utilizar una fotografía o una parte de nuestra casa u oficina. Se puede seleccionar un paisaje, real o pintado. Las posibilidades son numerosas, aunque lo mejor es comenzar por lo más sencillo. Un ejemplo: describamos nuestra cocina. Hablamos de su tamaño, del color o colores que encontramos en ella, de los muebles y el piso, de los aparatos electrodomésticos, de la comida que guardamos o preparamos allí y de las actividades que suelen realizarse. Cuando nos damos cuenta, habremos aprendido gran cantidad de palabras nuevas, formas de expresar lo mismo, nuevos verbos, etc. Y por supuesto, habremos creado nuestros propios textos o discursos.

Adelante. Allí está la sala de estar o el comedor, el jardín o la cochera, la calle principal del pueblo donde vivimos, nuestro centro comercial favorito, el restaurante que frecuentamos o la escuela de nuestros hijos, la oficina donde trabajamos, nuestro auto viejo o el nuevo computador que adquirimos, nuestros vecinos o nuestra familia, el jefe o el chico de la fotocopiadora, la playa o la montaña... ¡El universo es inmenso y está allí esperando a que lo pintemos con nuestras palabras!


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Wednesday, March 18, 2009

Traducciones y adaptaciones de libros clásicos

Quedémonos por un momento en el tema de las traducciones. En el momento en que tantas culturas se expresan en idiomas tan diferentes, la traducción se convierte en una actividad esencial para lograr la mutua comprensión. No es fácil: se necesitan años de estudio y un profundo conocimiento de dos lenguas para lograr traducciones buenas. Esto es así porque los idiomas se encuentran profundamente inmersos en la cultura y cuando un traductor realiza una traducción debe interpretar no sólo los aspectos lingüísticos del texto sino también los culturales. Pero una vez que encontramos una buena traducción, la cultura ajena se hace comprensible.

Muchos libros famosos han sido traducidos una y otra vez a muchos idiomas diferentes. Clásicos y modernos, todos son publicados en masa en gran cantidad de países y culturas distintas y se vuelven accesibles a muchos lectores que no podrían leerlos sin esas traducciones. Todos hemos leído estas traducciones alguna vez. Pero, ¿en qué afecta esto al estudiante de idiomas? Se supone que, si logramos aprender un idioma extranjero, ya no necesitaremos una traducción. ¿O sí?

En realidad, todo depende de la fase en la que se encuentra el estudiante. Muchos estudiantes de español querrían leer a los autores clásicos o modernos del mundo hispano en su propio idioma. Pero si aún son muy principiantes de la lengua, no podrán comprender los textos. Es natural que recurran a la traducción. Sin embargo, pienso que es mejor comenzar a leer textos sencillos escritos en español y abstenerse, en lo posible, de la traducción. Es un ejercicio, un desafío, para estimular la mente del estudiante a intentar comprender esa nueva lengua que está estudiando. Las mejores traducciones no ofrecen ningún esfuerzo. En cambio, cuando el estudiante alcanza un nivel intermedio de comprensión del idioma, podrá comenzar a leer directamente los textos originales.


Si el estudiante considera que le tomará todavía mucho tiempo para leer los textos originales, existe una alternativa: las adaptaciones. Algunos libros clásicos han sido adaptados para jóvenes lectores. No son traducciones, sino una modificación del lenguaje del libro para lograr que los niños y los jóvenes puedan comprender un texto clásico que en su versión original es demasiado complejo para ellos. Los estudiantes de español pueden aprovechar este tipo de publicaciones para "acostumbrarse" a leer directamente en la lengua. Más tarde, cuando sus conocimientos son más profundos, pueden volver a leer el libro en su versión original.

También existen adaptaciones de libros clásicos hispanos para estudiantes de español. Funcionan igual que las adaptaciones para niños.

En conclusión, las traducciones son magníficas opciones para tener acceso a publicaciones que serían incomprensibles de otro modo, pero, cuando nos hallamos estudiando una lengua extranjera, recurrir a una traducción de esa lengua a la nuestra no contribuye a nuestro aprendizaje. Entonces, en la medida de lo posible, es mejor prescindir de ellas.


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Wednesday, March 11, 2009

Cuando escribas, no traduzcas

Supongamos que estás dispuesto a escribir un texto en español. Posiblemente vas a narrar tus recientes experiencias en un país extranjero. O quieres hacer un breve recuento de tu vida. O realizas una revisión de un libro que leíste, de un artículo que compraste, de una película que viste. Tal vez es parte de una discusión en política o en asuntos sociales. En fin, el panorama de posibilidades es amplio. En todos los casos, la tentación para el estudiante adulto de una lengua extranjera -como el español- es la de intentar escribir primero el texto en su lengua materna y luego traducirlo cuidadosamente al español.

No es, sin embargo, recomendable.

Traducir es un acto espontáneo en todos nosotros cuando estudiamos una lengua extranjera. Es natural. Todos poseemos una lengua materna y comprendemos el mundo a través de ella. Es lógico que deseemos saber qué estamos diciendo o qué estamos escuchando cuando tenemos que entrar al mundo de otra lengua. Y muchos de nosotros aprendimos lenguas extranjeras a través de la traducción. Es una herramienta muy común que tenemos para aprender rápidamente vocabulario y estructuras nuevas. Sin embargo, como todas las herramientas, debe ser usada con prudencia y con moderación, para que no se convierta en un obstáculo.

Existen dos razones importantes para escribir directamente en español, sin traducir de la lengua materna. La primera es que aprender una lengua extranjera es introducirse en una cultura distinta a la nuestra. Cada lengua tiene sus propias reglas y sus propia lógica. Si aprendemos a escribir directamente en español, desde el principio, aprenderemos también el hábito de pensar en español, y por tanto, asimilaremos más rápido y de mejor manera esta nueva lengua. La segunda razón es que traducir textos no es tarea fácil. Requiere de muchos conocimientos en ambas lenguas si no queremos enredarnos en un gran lío.

En un momento clave de nuestro estudio, aprendemos a entender los contextos, a no depender de los diccionarios y comprender los textos sin necesidad de traducir palabra por palabra. Al mismo tiempo, sentimos más confianza en nuestra producción oral. Comenzamos a construir oraciones y entablar diálogos con mayor seguridad. Este momento puede ocurrir más temprano o más tarde, dependiendo del estudiante, del método de aprendizaje y de otros factores del ambiente. Si ocurre con nuestra capacidad para hablar, también ocurrirá con nuestra capacidad para escribir. Así, de la misma manera en que no decimos cada frase en nuestra lengua materna y luego la traducimos al español, tampoco necesitamos escribir un texto en nuestra lengua materna para luego traducirlo al español. Directamente, escribiremos en español.

¿Que puedes cometer errores? No te asustes por eso. Los errores nos permiten aprender y mejorar, tanto cuando hablamos como cuando escribimos. Así que, adelante. Escribe sin traducir. ¡Lo disfrutarás!


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Wednesday, March 4, 2009

El idioma está casado con la cultura

Al principio, cuando comenzamos nuestro estudio de una lengua, todo parece un sencillo problema de traducción de palabras y frases claves. En español, por ejemplo, casi siempre comenzamos por aprender un "Hola, ¿cómo está?", "Bien, gracias, ¿y usted?" y frases similares, las cuales son fácilmente traducibles a la mayoría de los idiomas. Palabras como "casa", "niño", "árbol", "libro" y otras palabras sencillas y concretas también son fáciles de traducir normalmente. El desafío principal, en estas lecciones iniciales, suele ser recordar el mayor número de palabras y diálogos posible, con el fin de poder articular nuestras primeras expresiones en español.

En cambio, cuando llegamos a fases más avanzadas de nuestro estudio, comenzamos a tropezar con importantes problemas de comprensión. Ciertamente, la gramática se vuelve más compleja y la cantidad de vocabulario nuevo también es más abundante. Pero los problemas de comprensión no radican necesariamente en detalles "técnicos". En realidad, ni la gramática ni el vocabulario plantean el mayor desafío, pues en un punto en que hemos superado las fases iniciales del estudio del español, la cultura comienza a ser un factor determinante para lograr aprender el idioma.

¿Qué significa esto? Todos los idiomas constituyen fenómenos sociales vivos. La gente los crea dentro de su contexto cultural. Tienen que ver con la sociedad, la mentalidad de esa sociedad, la religión predominante, los valores propios, la historia de esa sociedad. El español nació hace muchos años en una pequeña región de España, pero desde entonces se ha desarrollado en muchos pueblos y geografías diferentes. Han transcurrido siglos de costumbres, literatura, política, relaciones comerciales, religión, luchas sociales y guerras en los países y regiones donde se ha hablado esta lengua. Todo junto ha influido en la manera en que se habla el español, en la manera en que se escribe el español, y en la manera en que el español evoluciona. Entonces, en una fase avanzada del estudio de esta lengua, el estudiante se encontrará con frases idiomáticas, estructuras gramaticales y formaciones de vocabulario que son comprensibles en un marco cultural.


¿Qué es recomendable hacer entonces? Mientras estudiamos español, es útil interesarnos por la cultura hispana. Conocer detalles o aspectos de esa cultura nos ayudará en la comprensión y asimilación de la lengua española. ¿Cómo hacerlo? Si estamos estudiando en casa, podemos buscar publicaciones originales de países latinoamericanos o de España y leer textos o anuncios comerciales que allí aparecen. Periódicos, revistas, libros, folletos turísticos, etc. Si podemos sintonizar una estación de radio en español o un canal hispano, es útil mirar o escuchar los programas. No sólo descubriremos nuevo vocabulario o ejemplos de estructuras gramaticales, sino que comprenderemos porqué algunas veces se habla de un modo y no de otro.

Y, por supuesto, si tenemos la suerte de viajar a un país de habla hispana, tendremos la magnífica oportunidad de visitar restaurantes o tiendas, viajar en autobuses o caminar en los parques, escuchar conferencias o visitar pueblos, en fin, de hablar con la gente.

Estudiar una lengua como el español no será entonces una fría mecánica de memorización de verbos y estructuras, sino la oportunidad de adentrarnos en una cultura diferente, de comprenderla e incluso de saborearla.


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