Supongamos que estamos en el punto en que hemos aprendido las técnicas básicas de la comunicación en español, a construir oraciones coherentes y a expresar nuestros pensamientos, pero queremos ampliar nuestro vocabulario, enriquecer nuestras posibilidades de expresión, profundizar. Le lectura, como antes señalamos, es un recurso magnífico para lograr esos objetivos. Cuanto más leemos, más sabemos. Cuanto más sabemos, mejor nos expresamos. Al fin y al cabo, nuestro objetivo es poder expresarnos en español de forma fluida y compleja. Pero la lectura es sólo una táctica para alcanzar nuestro objetivo. Es muy recomendable desarrollar otras tácticas que nos ayuden a alcanzar ese objetivo. Una de esas tácticas, que podemos aplicar en la escritura y en la expresión oral, es la descripción.
¿Descripción? Sí, explicar en palabras lo que vemos. Algunos dirán que resulta demasiado básico para enriquecer nuestros conocimientos. Pienso que no. Al contrario. Ejercitar nuestra capacidad de descripción enriquece nuestro vocabulario y nuestra manera de apreciar el nuevo idioma.
Para una descripción en español solemos pensar primero en verbos básicos como ser, estar y haber. Son verbos esenciales, que suelen convertirse en un verdadero desafío para la mayoría de los estudiantes de español. Aprender a usarlos mientras se describe es una técnica maravillosa para comprenderlos y dominarlos. Sin embargo, no es necesario limitarnos sólo a esos tres verbos. Podemos también enriquecer nuestro repertorio verbal con otros verbos muy apropiados para la descripción como "encontrarse", "hallarse", "situarse", "consistir", "existir", y otros. Combinándolos, podemos crear textos mucho más complejos e interesantes de lo que imaginábamos al principio.
¿Qué podemos describir? Pues cualquier cosa funciona. Se puede utilizar una fotografía o una parte de nuestra casa u oficina. Se puede seleccionar un paisaje, real o pintado. Las posibilidades son numerosas, aunque lo mejor es comenzar por lo más sencillo. Un ejemplo: describamos nuestra cocina. Hablamos de su tamaño, del color o colores que encontramos en ella, de los muebles y el piso, de los aparatos electrodomésticos, de la comida que guardamos o preparamos allí y de las actividades que suelen realizarse. Cuando nos damos cuenta, habremos aprendido gran cantidad de palabras nuevas, formas de expresar lo mismo, nuevos verbos, etc. Y por supuesto, habremos creado nuestros propios textos o discursos.
Adelante. Allí está la sala de estar o el comedor, el jardín o la cochera, la calle principal del pueblo donde vivimos, nuestro centro comercial favorito, el restaurante que frecuentamos o la escuela de nuestros hijos, la oficina donde trabajamos, nuestro auto viejo o el nuevo computador que adquirimos, nuestros vecinos o nuestra familia, el jefe o el chico de la fotocopiadora, la playa o la montaña... ¡El universo es inmenso y está allí esperando a que lo pintemos con nuestras palabras!
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Our Blogger:
Laura Quijano, abogada, filóloga, escritora, profesora de español por más de 17 años, comparte su conocimiento de la lengua española, sus reflexiones sobre el aprendizaje del español, sus experiencias, ideas, estudios de cultura y más en este blog dedicado a quienes están interesados en la lengua española.
Bienvenidos al Blog.
Laura Quijano, abogada, filóloga, escritora, profesora de español por más de 17 años, comparte su conocimiento de la lengua española, sus reflexiones sobre el aprendizaje del español, sus experiencias, ideas, estudios de cultura y más en este blog dedicado a quienes están interesados en la lengua española.
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Friday, March 27, 2009
Wednesday, March 18, 2009
Traducciones y adaptaciones de libros clásicos
Quedémonos por un momento en el tema de las traducciones. En el momento en que tantas culturas se expresan en idiomas tan diferentes, la traducción se convierte en una actividad esencial para lograr la mutua comprensión. No es fácil: se necesitan años de estudio y un profundo conocimiento de dos lenguas para lograr traducciones buenas. Esto es así porque los idiomas se encuentran profundamente inmersos en la cultura y cuando un traductor realiza una traducción debe interpretar no sólo los aspectos lingüísticos del texto sino también los culturales. Pero una vez que encontramos una buena traducción, la cultura ajena se hace comprensible.
Muchos libros famosos han sido traducidos una y otra vez a muchos idiomas diferentes. Clásicos y modernos, todos son publicados en masa en gran cantidad de países y culturas distintas y se vuelven accesibles a muchos lectores que no podrían leerlos sin esas traducciones. Todos hemos leído estas traducciones alguna vez. Pero, ¿en qué afecta esto al estudiante de idiomas? Se supone que, si logramos aprender un idioma extranjero, ya no necesitaremos una traducción. ¿O sí?
En realidad, todo depende de la fase en la que se encuentra el estudiante. Muchos estudiantes de español querrían leer a los autores clásicos o modernos del mundo hispano en su propio idioma. Pero si aún son muy principiantes de la lengua, no podrán comprender los textos. Es natural que recurran a la traducción. Sin embargo, pienso que es mejor comenzar a leer textos sencillos escritos en español y abstenerse, en lo posible, de la traducción. Es un ejercicio, un desafío, para estimular la mente del estudiante a intentar comprender esa nueva lengua que está estudiando. Las mejores traducciones no ofrecen ningún esfuerzo. En cambio, cuando el estudiante alcanza un nivel intermedio de comprensión del idioma, podrá comenzar a leer directamente los textos originales.
Si el estudiante considera que le tomará todavía mucho tiempo para leer los textos originales, existe una alternativa: las adaptaciones. Algunos libros clásicos han sido adaptados para jóvenes lectores. No son traducciones, sino una modificación del lenguaje del libro para lograr que los niños y los jóvenes puedan comprender un texto clásico que en su versión original es demasiado complejo para ellos. Los estudiantes de español pueden aprovechar este tipo de publicaciones para "acostumbrarse" a leer directamente en la lengua. Más tarde, cuando sus conocimientos son más profundos, pueden volver a leer el libro en su versión original.
También existen adaptaciones de libros clásicos hispanos para estudiantes de español. Funcionan igual que las adaptaciones para niños.
En conclusión, las traducciones son magníficas opciones para tener acceso a publicaciones que serían incomprensibles de otro modo, pero, cuando nos hallamos estudiando una lengua extranjera, recurrir a una traducción de esa lengua a la nuestra no contribuye a nuestro aprendizaje. Entonces, en la medida de lo posible, es mejor prescindir de ellas.
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Muchos libros famosos han sido traducidos una y otra vez a muchos idiomas diferentes. Clásicos y modernos, todos son publicados en masa en gran cantidad de países y culturas distintas y se vuelven accesibles a muchos lectores que no podrían leerlos sin esas traducciones. Todos hemos leído estas traducciones alguna vez. Pero, ¿en qué afecta esto al estudiante de idiomas? Se supone que, si logramos aprender un idioma extranjero, ya no necesitaremos una traducción. ¿O sí?
En realidad, todo depende de la fase en la que se encuentra el estudiante. Muchos estudiantes de español querrían leer a los autores clásicos o modernos del mundo hispano en su propio idioma. Pero si aún son muy principiantes de la lengua, no podrán comprender los textos. Es natural que recurran a la traducción. Sin embargo, pienso que es mejor comenzar a leer textos sencillos escritos en español y abstenerse, en lo posible, de la traducción. Es un ejercicio, un desafío, para estimular la mente del estudiante a intentar comprender esa nueva lengua que está estudiando. Las mejores traducciones no ofrecen ningún esfuerzo. En cambio, cuando el estudiante alcanza un nivel intermedio de comprensión del idioma, podrá comenzar a leer directamente los textos originales.
Si el estudiante considera que le tomará todavía mucho tiempo para leer los textos originales, existe una alternativa: las adaptaciones. Algunos libros clásicos han sido adaptados para jóvenes lectores. No son traducciones, sino una modificación del lenguaje del libro para lograr que los niños y los jóvenes puedan comprender un texto clásico que en su versión original es demasiado complejo para ellos. Los estudiantes de español pueden aprovechar este tipo de publicaciones para "acostumbrarse" a leer directamente en la lengua. Más tarde, cuando sus conocimientos son más profundos, pueden volver a leer el libro en su versión original.
También existen adaptaciones de libros clásicos hispanos para estudiantes de español. Funcionan igual que las adaptaciones para niños.
En conclusión, las traducciones son magníficas opciones para tener acceso a publicaciones que serían incomprensibles de otro modo, pero, cuando nos hallamos estudiando una lengua extranjera, recurrir a una traducción de esa lengua a la nuestra no contribuye a nuestro aprendizaje. Entonces, en la medida de lo posible, es mejor prescindir de ellas.
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Wednesday, March 11, 2009
Cuando escribas, no traduzcas
Supongamos que estás dispuesto a escribir un texto en español. Posiblemente vas a narrar tus recientes experiencias en un país extranjero. O quieres hacer un breve recuento de tu vida. O realizas una revisión de un libro que leíste, de un artículo que compraste, de una película que viste. Tal vez es parte de una discusión en política o en asuntos sociales. En fin, el panorama de posibilidades es amplio. En todos los casos, la tentación para el estudiante adulto de una lengua extranjera -como el español- es la de intentar escribir primero el texto en su lengua materna y luego traducirlo cuidadosamente al español.
No es, sin embargo, recomendable.
Traducir es un acto espontáneo en todos nosotros cuando estudiamos una lengua extranjera. Es natural. Todos poseemos una lengua materna y comprendemos el mundo a través de ella. Es lógico que deseemos saber qué estamos diciendo o qué estamos escuchando cuando tenemos que entrar al mundo de otra lengua. Y muchos de nosotros aprendimos lenguas extranjeras a través de la traducción. Es una herramienta muy común que tenemos para aprender rápidamente vocabulario y estructuras nuevas. Sin embargo, como todas las herramientas, debe ser usada con prudencia y con moderación, para que no se convierta en un obstáculo.
Existen dos razones importantes para escribir directamente en español, sin traducir de la lengua materna. La primera es que aprender una lengua extranjera es introducirse en una cultura distinta a la nuestra. Cada lengua tiene sus propias reglas y sus propia lógica. Si aprendemos a escribir directamente en español, desde el principio, aprenderemos también el hábito de pensar en español, y por tanto, asimilaremos más rápido y de mejor manera esta nueva lengua. La segunda razón es que traducir textos no es tarea fácil. Requiere de muchos conocimientos en ambas lenguas si no queremos enredarnos en un gran lío.
En un momento clave de nuestro estudio, aprendemos a entender los contextos, a no depender de los diccionarios y comprender los textos sin necesidad de traducir palabra por palabra. Al mismo tiempo, sentimos más confianza en nuestra producción oral. Comenzamos a construir oraciones y entablar diálogos con mayor seguridad. Este momento puede ocurrir más temprano o más tarde, dependiendo del estudiante, del método de aprendizaje y de otros factores del ambiente. Si ocurre con nuestra capacidad para hablar, también ocurrirá con nuestra capacidad para escribir. Así, de la misma manera en que no decimos cada frase en nuestra lengua materna y luego la traducimos al español, tampoco necesitamos escribir un texto en nuestra lengua materna para luego traducirlo al español. Directamente, escribiremos en español.
¿Que puedes cometer errores? No te asustes por eso. Los errores nos permiten aprender y mejorar, tanto cuando hablamos como cuando escribimos. Así que, adelante. Escribe sin traducir. ¡Lo disfrutarás!
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No es, sin embargo, recomendable.
Traducir es un acto espontáneo en todos nosotros cuando estudiamos una lengua extranjera. Es natural. Todos poseemos una lengua materna y comprendemos el mundo a través de ella. Es lógico que deseemos saber qué estamos diciendo o qué estamos escuchando cuando tenemos que entrar al mundo de otra lengua. Y muchos de nosotros aprendimos lenguas extranjeras a través de la traducción. Es una herramienta muy común que tenemos para aprender rápidamente vocabulario y estructuras nuevas. Sin embargo, como todas las herramientas, debe ser usada con prudencia y con moderación, para que no se convierta en un obstáculo.
Existen dos razones importantes para escribir directamente en español, sin traducir de la lengua materna. La primera es que aprender una lengua extranjera es introducirse en una cultura distinta a la nuestra. Cada lengua tiene sus propias reglas y sus propia lógica. Si aprendemos a escribir directamente en español, desde el principio, aprenderemos también el hábito de pensar en español, y por tanto, asimilaremos más rápido y de mejor manera esta nueva lengua. La segunda razón es que traducir textos no es tarea fácil. Requiere de muchos conocimientos en ambas lenguas si no queremos enredarnos en un gran lío.
En un momento clave de nuestro estudio, aprendemos a entender los contextos, a no depender de los diccionarios y comprender los textos sin necesidad de traducir palabra por palabra. Al mismo tiempo, sentimos más confianza en nuestra producción oral. Comenzamos a construir oraciones y entablar diálogos con mayor seguridad. Este momento puede ocurrir más temprano o más tarde, dependiendo del estudiante, del método de aprendizaje y de otros factores del ambiente. Si ocurre con nuestra capacidad para hablar, también ocurrirá con nuestra capacidad para escribir. Así, de la misma manera en que no decimos cada frase en nuestra lengua materna y luego la traducimos al español, tampoco necesitamos escribir un texto en nuestra lengua materna para luego traducirlo al español. Directamente, escribiremos en español.
¿Que puedes cometer errores? No te asustes por eso. Los errores nos permiten aprender y mejorar, tanto cuando hablamos como cuando escribimos. Así que, adelante. Escribe sin traducir. ¡Lo disfrutarás!
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Wednesday, March 4, 2009
El idioma está casado con la cultura
Al principio, cuando comenzamos nuestro estudio de una lengua, todo parece un sencillo problema de traducción de palabras y frases claves. En español, por ejemplo, casi siempre comenzamos por aprender un "Hola, ¿cómo está?", "Bien, gracias, ¿y usted?" y frases similares, las cuales son fácilmente traducibles a la mayoría de los idiomas. Palabras como "casa", "niño", "árbol", "libro" y otras palabras sencillas y concretas también son fáciles de traducir normalmente. El desafío principal, en estas lecciones iniciales, suele ser recordar el mayor número de palabras y diálogos posible, con el fin de poder articular nuestras primeras expresiones en español.
En cambio, cuando llegamos a fases más avanzadas de nuestro estudio, comenzamos a tropezar con importantes problemas de comprensión. Ciertamente, la gramática se vuelve más compleja y la cantidad de vocabulario nuevo también es más abundante. Pero los problemas de comprensión no radican necesariamente en detalles "técnicos". En realidad, ni la gramática ni el vocabulario plantean el mayor desafío, pues en un punto en que hemos superado las fases iniciales del estudio del español, la cultura comienza a ser un factor determinante para lograr aprender el idioma.
¿Qué significa esto? Todos los idiomas constituyen fenómenos sociales vivos. La gente los crea dentro de su contexto cultural. Tienen que ver con la sociedad, la mentalidad de esa sociedad, la religión predominante, los valores propios, la historia de esa sociedad. El español nació hace muchos años en una pequeña región de España, pero desde entonces se ha desarrollado en muchos pueblos y geografías diferentes. Han transcurrido siglos de costumbres, literatura, política, relaciones comerciales, religión, luchas sociales y guerras en los países y regiones donde se ha hablado esta lengua. Todo junto ha influido en la manera en que se habla el español, en la manera en que se escribe el español, y en la manera en que el español evoluciona. Entonces, en una fase avanzada del estudio de esta lengua, el estudiante se encontrará con frases idiomáticas, estructuras gramaticales y formaciones de vocabulario que son comprensibles en un marco cultural.
¿Qué es recomendable hacer entonces? Mientras estudiamos español, es útil interesarnos por la cultura hispana. Conocer detalles o aspectos de esa cultura nos ayudará en la comprensión y asimilación de la lengua española. ¿Cómo hacerlo? Si estamos estudiando en casa, podemos buscar publicaciones originales de países latinoamericanos o de España y leer textos o anuncios comerciales que allí aparecen. Periódicos, revistas, libros, folletos turísticos, etc. Si podemos sintonizar una estación de radio en español o un canal hispano, es útil mirar o escuchar los programas. No sólo descubriremos nuevo vocabulario o ejemplos de estructuras gramaticales, sino que comprenderemos porqué algunas veces se habla de un modo y no de otro.
Y, por supuesto, si tenemos la suerte de viajar a un país de habla hispana, tendremos la magnífica oportunidad de visitar restaurantes o tiendas, viajar en autobuses o caminar en los parques, escuchar conferencias o visitar pueblos, en fin, de hablar con la gente.
Estudiar una lengua como el español no será entonces una fría mecánica de memorización de verbos y estructuras, sino la oportunidad de adentrarnos en una cultura diferente, de comprenderla e incluso de saborearla.
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En cambio, cuando llegamos a fases más avanzadas de nuestro estudio, comenzamos a tropezar con importantes problemas de comprensión. Ciertamente, la gramática se vuelve más compleja y la cantidad de vocabulario nuevo también es más abundante. Pero los problemas de comprensión no radican necesariamente en detalles "técnicos". En realidad, ni la gramática ni el vocabulario plantean el mayor desafío, pues en un punto en que hemos superado las fases iniciales del estudio del español, la cultura comienza a ser un factor determinante para lograr aprender el idioma.
¿Qué significa esto? Todos los idiomas constituyen fenómenos sociales vivos. La gente los crea dentro de su contexto cultural. Tienen que ver con la sociedad, la mentalidad de esa sociedad, la religión predominante, los valores propios, la historia de esa sociedad. El español nació hace muchos años en una pequeña región de España, pero desde entonces se ha desarrollado en muchos pueblos y geografías diferentes. Han transcurrido siglos de costumbres, literatura, política, relaciones comerciales, religión, luchas sociales y guerras en los países y regiones donde se ha hablado esta lengua. Todo junto ha influido en la manera en que se habla el español, en la manera en que se escribe el español, y en la manera en que el español evoluciona. Entonces, en una fase avanzada del estudio de esta lengua, el estudiante se encontrará con frases idiomáticas, estructuras gramaticales y formaciones de vocabulario que son comprensibles en un marco cultural.
¿Qué es recomendable hacer entonces? Mientras estudiamos español, es útil interesarnos por la cultura hispana. Conocer detalles o aspectos de esa cultura nos ayudará en la comprensión y asimilación de la lengua española. ¿Cómo hacerlo? Si estamos estudiando en casa, podemos buscar publicaciones originales de países latinoamericanos o de España y leer textos o anuncios comerciales que allí aparecen. Periódicos, revistas, libros, folletos turísticos, etc. Si podemos sintonizar una estación de radio en español o un canal hispano, es útil mirar o escuchar los programas. No sólo descubriremos nuevo vocabulario o ejemplos de estructuras gramaticales, sino que comprenderemos porqué algunas veces se habla de un modo y no de otro.
Y, por supuesto, si tenemos la suerte de viajar a un país de habla hispana, tendremos la magnífica oportunidad de visitar restaurantes o tiendas, viajar en autobuses o caminar en los parques, escuchar conferencias o visitar pueblos, en fin, de hablar con la gente.
Estudiar una lengua como el español no será entonces una fría mecánica de memorización de verbos y estructuras, sino la oportunidad de adentrarnos en una cultura diferente, de comprenderla e incluso de saborearla.
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Thursday, February 26, 2009
Tu amigo el diccionario... ¿o tu enemigo?
Tengo una fresca imagen de mis estudiantes de español en mi memoria: Todos con sonrisas animosas, equipados con su cuaderno de notas, su bolígrafo y tal vez algún lápiz, y por supuesto, en primera línea, el diccionario. No importaba de dónde venían ellos, cuál era su lengua materna, a cuál sexo pertenecían ni cuántos años tenían. La presencia del diccionario era esperable, lógica, tanto que normalmente nadie se plantea la posibilidad de descartarlo. De hecho, puedo asegurar que era muy utilizado.
Pero es que... ¿es aconsejable usar un diccionario? Parece una pregunta obvia. Después de todo, me dirán, estamos aprendiendo una lengua extranjera. Ciertamente, el vocabulario desconocido podría llenar un océano y no podemos esperar aprender de memoria cada palabra que necesitemos. Si queremos aprender con relativa rapidez y facilidad, querremos expresar nuestros pensamientos, armar nuestras frases, lograr producir un discurso, y para eso es preciso contar con herramientas. Una de ellas es el diccionario. De hecho, suele ser la herramienta principal.
Sin embargo, he notado que muchas veces esa herramienta tan útil puede convertirse en un obstáculo.
Algunos estudiantes usan tanto el diccionario que leer un texto pequeño se convierte en una labor de horas. Buscan y anotan meticulosamente cada vocablo nuevo, y no avanzan antes de encontrarlo. Esto nos sitúa en dos problemas: El primero es que el número de palabras nuevas es tan alto, que cuando ya las hemos encontrado todas, apenas hemos avanzado muy pocos párrafos y estamos agotados. El segundo problema es que no necesariamente encontraremos en el diccionario la expresión o palabra específica que estamos buscando. Si el estudiante depende tanto de él, en el momento en que no encuentre lo que necesita, no podrá avanzar, es decir, no comprenderá entonces el texto que está leyendo. El diccionario se convierte entonces en un obstáculo para avanzar, no en un aliado.
Si queremos que nuestro diccionario sea nuestro amigo, todo depende de cómo se le usa y cuánto.
Al principio, todas las palabras nos parecen un misterio. Pero ese misterio se va resolviendo conforme avanzamos en nuestras lecciones. Muchas palabras y estructuras sencillas se incorporan con relativa facilidad y nos permiten continuar hacia formas más complejas. En algún momento, poseemos un inventario básico de conocimientos en nuestra cabeza que nos permite leer textos sencillos con cierta facilidad. Luego más complejos y más complejos. De pronto... aparece algo nuevo. Y el primer movimiento que tenemos es ¡tomar el diccionario!
En este punto, hagámonos una pregunta: ¿Puedo comprender este texto sin buscar esta palabra en el diccionario? En otras palabras, ¿podemos "deducir" significados gracias al contexto? Si la respuesta es afirmativa, adelante. No toques el diccionario. Avanza, y avanza hasta que llegues a un punto en que esa pregunta tenga una respuesta negativa. Cuando no es posible comprender lo que leemos a partir del contexto, entonces es el momento adecuado para usar el diccionario. ¿Y qué vas a buscar? Pues aquella palabra "clave". La que pueda hacerte comprender el todo. Y de nuevo, avanzas.
Esta forma más ágil de usar el diccionario tendrá una consecuencia lateral: Aumentará tu confianza, podrás expandir la cantidad y complejidad de tus lecturas, te sentirás más libre cuando leas en español. Y lo disfrutarás más.
¿Conclusión? El diccionario es un libro maravilloso si es nuestro amigo y no nuestro obstáculo.
Ahora tengo otra pregunta. ¿Cuál diccionario es mejor para el estudiante de español: el que traduce a otra lengua o el diccionario regular español-español que usan los hablantes nativos? ¿Qué piensan?
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Pero es que... ¿es aconsejable usar un diccionario? Parece una pregunta obvia. Después de todo, me dirán, estamos aprendiendo una lengua extranjera. Ciertamente, el vocabulario desconocido podría llenar un océano y no podemos esperar aprender de memoria cada palabra que necesitemos. Si queremos aprender con relativa rapidez y facilidad, querremos expresar nuestros pensamientos, armar nuestras frases, lograr producir un discurso, y para eso es preciso contar con herramientas. Una de ellas es el diccionario. De hecho, suele ser la herramienta principal.
Sin embargo, he notado que muchas veces esa herramienta tan útil puede convertirse en un obstáculo.
Algunos estudiantes usan tanto el diccionario que leer un texto pequeño se convierte en una labor de horas. Buscan y anotan meticulosamente cada vocablo nuevo, y no avanzan antes de encontrarlo. Esto nos sitúa en dos problemas: El primero es que el número de palabras nuevas es tan alto, que cuando ya las hemos encontrado todas, apenas hemos avanzado muy pocos párrafos y estamos agotados. El segundo problema es que no necesariamente encontraremos en el diccionario la expresión o palabra específica que estamos buscando. Si el estudiante depende tanto de él, en el momento en que no encuentre lo que necesita, no podrá avanzar, es decir, no comprenderá entonces el texto que está leyendo. El diccionario se convierte entonces en un obstáculo para avanzar, no en un aliado.
Si queremos que nuestro diccionario sea nuestro amigo, todo depende de cómo se le usa y cuánto.
Al principio, todas las palabras nos parecen un misterio. Pero ese misterio se va resolviendo conforme avanzamos en nuestras lecciones. Muchas palabras y estructuras sencillas se incorporan con relativa facilidad y nos permiten continuar hacia formas más complejas. En algún momento, poseemos un inventario básico de conocimientos en nuestra cabeza que nos permite leer textos sencillos con cierta facilidad. Luego más complejos y más complejos. De pronto... aparece algo nuevo. Y el primer movimiento que tenemos es ¡tomar el diccionario!
En este punto, hagámonos una pregunta: ¿Puedo comprender este texto sin buscar esta palabra en el diccionario? En otras palabras, ¿podemos "deducir" significados gracias al contexto? Si la respuesta es afirmativa, adelante. No toques el diccionario. Avanza, y avanza hasta que llegues a un punto en que esa pregunta tenga una respuesta negativa. Cuando no es posible comprender lo que leemos a partir del contexto, entonces es el momento adecuado para usar el diccionario. ¿Y qué vas a buscar? Pues aquella palabra "clave". La que pueda hacerte comprender el todo. Y de nuevo, avanzas.
Esta forma más ágil de usar el diccionario tendrá una consecuencia lateral: Aumentará tu confianza, podrás expandir la cantidad y complejidad de tus lecturas, te sentirás más libre cuando leas en español. Y lo disfrutarás más.
¿Conclusión? El diccionario es un libro maravilloso si es nuestro amigo y no nuestro obstáculo.
Ahora tengo otra pregunta. ¿Cuál diccionario es mejor para el estudiante de español: el que traduce a otra lengua o el diccionario regular español-español que usan los hablantes nativos? ¿Qué piensan?
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Wednesday, February 18, 2009
Esos falsos "amigos"...
Varios idiomas europeos occidentales presentan numerosas similitudes de vocabulario con el español, lo cual resulta natural si pensamos que provienen de ancestros comunes. Esas palabras que se escriben de forma similar o igual, que incluso se pronuncian parecido y que tienen el mismo significado son llamadas cognados o palabras "amigas". Son fáciles de recordar y realmente facilitan el aprendizaje del idioma, pues siempre será más sencillo recordar una palabra que se parece a otra en tu propio idioma que alguna muy diferente.
Pero... así como hay "verdaderos amigos", también existen los "falsos amigos". ¡Y es muy fácil caer en error en estos casos!
Los falsos amigos o falsos cognados son palabras de distintos idiomas con escritura y sonido muy similares pero con significados diferentes. Cuando nos encontramos con ellos, podemos caer fácilmente en una falsa traducción y hacer que nuestro discurso sea incomprensible o errado. (Nota: Algunos distinguen entre el falso "amigo" y el falso cognado. El primero se refiere a palabras que tienen el mismo origen pero que evolucionaron de forma distinta dentro de cada idioma, mientras que los falsos cognados se refieren a palabras que no tienen el mismo origen etimológico pero que se parecen en escritura o sonido. El resultado práctico, de todas formas, es el mismo).
Entre el inglés y el español, por ejemplo, abundan las listas de "amigos" verdaderos y falsos. "Gratis" en inglés y en español, por ejemplo, aunque se pronuncian diferente significan lo mismo. Igual sucede con la palabra "idea", que, con diferente pronunciación, tiene el mismo significado en un idioma y en el otro. Pero los falsos "amigos" abundan. Por ejemplo, escuchamos en las noticias que hubo una "casualidad". Un hablante del idioma inglés podría pensar que se trata de una víctima de accidente o un herido (casualty), pero en realidad se trata de una coincidence. En otro ejemplo, con una frase como "él no es el presidente actual", un angloparlante puede sentirse confundido. "Actual" en español y "actual" en inglés pueden parecer iguales, pero mientras en español esta palabra significa current, en inglés significa real.
Entre el francés y el español también se presentan falsos "amigos". Si un hablante del francés lee en un texto "estos ingredientes son para batir", puede creer que se trata de una construcción, pero en realidad estamos hablando de la cocina. Bâtir en francés es construir, mientras que batir (en español) se traducirá por battre. ¿Y qué sucedería por ejemplo si se trata de un hablante nativo del portugués que está estudiando español? Es cierto que ambos idiomas son verdaderos primos, pero no son lo mismo. Por ejemplo, si nuestro estudiante lee que una receta lleva "almejas", no debería suponer que se trata de "ciruelas" (ameixas). O si lee que un espectáculo resultó "espantoso", puede creer que en realidad es "sorprendente" o "admirable", cuando en realidad es horrível.
¿Y qué puede ocurrir entre el italiano y el español? Pues lo mismo. Son idiomas que comparten un ancestro común y es natural que tengan muchas palabras similares entre sí. Pero también se presentan los falsos "amigos". Por ejemplo, el estudiante de habla italiana que desee comprar vinagre (aceto) no debe pedir aceite (olio). O si desea agregar mantequilla (burro) a su pan, nadie le comprenderá si pide un poco de burro (asino).
¿Moraleja? Pues resulta obvio: ¡atención a los falsos amigos!
¿Tienes experiencias de falsos amigos entre el español y otra lengua? Puede ser con tu lengua materna o alguna otra que conozcas bien. Si es así, cuéntanos.
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Pero... así como hay "verdaderos amigos", también existen los "falsos amigos". ¡Y es muy fácil caer en error en estos casos!
Los falsos amigos o falsos cognados son palabras de distintos idiomas con escritura y sonido muy similares pero con significados diferentes. Cuando nos encontramos con ellos, podemos caer fácilmente en una falsa traducción y hacer que nuestro discurso sea incomprensible o errado. (Nota: Algunos distinguen entre el falso "amigo" y el falso cognado. El primero se refiere a palabras que tienen el mismo origen pero que evolucionaron de forma distinta dentro de cada idioma, mientras que los falsos cognados se refieren a palabras que no tienen el mismo origen etimológico pero que se parecen en escritura o sonido. El resultado práctico, de todas formas, es el mismo).
Entre el inglés y el español, por ejemplo, abundan las listas de "amigos" verdaderos y falsos. "Gratis" en inglés y en español, por ejemplo, aunque se pronuncian diferente significan lo mismo. Igual sucede con la palabra "idea", que, con diferente pronunciación, tiene el mismo significado en un idioma y en el otro. Pero los falsos "amigos" abundan. Por ejemplo, escuchamos en las noticias que hubo una "casualidad". Un hablante del idioma inglés podría pensar que se trata de una víctima de accidente o un herido (casualty), pero en realidad se trata de una coincidence. En otro ejemplo, con una frase como "él no es el presidente actual", un angloparlante puede sentirse confundido. "Actual" en español y "actual" en inglés pueden parecer iguales, pero mientras en español esta palabra significa current, en inglés significa real.
Entre el francés y el español también se presentan falsos "amigos". Si un hablante del francés lee en un texto "estos ingredientes son para batir", puede creer que se trata de una construcción, pero en realidad estamos hablando de la cocina. Bâtir en francés es construir, mientras que batir (en español) se traducirá por battre. ¿Y qué sucedería por ejemplo si se trata de un hablante nativo del portugués que está estudiando español? Es cierto que ambos idiomas son verdaderos primos, pero no son lo mismo. Por ejemplo, si nuestro estudiante lee que una receta lleva "almejas", no debería suponer que se trata de "ciruelas" (ameixas). O si lee que un espectáculo resultó "espantoso", puede creer que en realidad es "sorprendente" o "admirable", cuando en realidad es horrível.
¿Y qué puede ocurrir entre el italiano y el español? Pues lo mismo. Son idiomas que comparten un ancestro común y es natural que tengan muchas palabras similares entre sí. Pero también se presentan los falsos "amigos". Por ejemplo, el estudiante de habla italiana que desee comprar vinagre (aceto) no debe pedir aceite (olio). O si desea agregar mantequilla (burro) a su pan, nadie le comprenderá si pide un poco de burro (asino).
¿Moraleja? Pues resulta obvio: ¡atención a los falsos amigos!
¿Tienes experiencias de falsos amigos entre el español y otra lengua? Puede ser con tu lengua materna o alguna otra que conozcas bien. Si es así, cuéntanos.
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Wednesday, February 11, 2009
Practicando en casa
Supongamos que has vuelto de un estupendo viaje por un país de habla hispana. Aprendiste mucho, tanto acerca del idioma como acerca de la cultura, y ahora has regresado a casa. La realidad de la vida cotidiana se impone. Regresas a tus viejas rutinas y tu vida vuelve a ser como antes. Pero no quieres perder lo que aprendiste. Para mantenerlo, sabes que hay una vía posible: practicar español en casa. Sin embargo, no es tarea fácil, pues tus amigos, tus familiares, tus vecinos y tus colegas seguirán comunicándose contigo en tu lengua materna. Lo mismo ocurre en las tiendas, en las oficinas y en la calle. ¿Qué hacer, entonces, para mantener el nivel de español que tanto te costó alcanzar? En realidad, hay muchas maneras. Lo más importante es desear hacerlo y cumplirlo.
Una forma muy útil de mantener el español (o de comenzar a estudiarlo, también) es usar algún programa de autoaprendizaje, sea de computadora o de audio. Existen diferentes opciones en el mercado para aprender o mantener el español. Si quieres obtener uno, elige aquel que mejor se adapta a tu personalidad, tus gustos y tu forma de aprender. No todo el mundo aprende de la misma forma. Algunos prefieren escuchar conversaciones y responder preguntas orales, otros prefieren leer textos, otros necesitan mucho apoyo visual, otros necesitan apoyo auditivo. En cualquier caso, pueden ser muy útiles tanto para iniciar el aprendizaje del idioma como para reforzar los conocimientos una vez que ya has alcanzado un nivel alto.
¿Se recibe señal de canales de televisión en español en tu área? Pues adelante: un canal en español te abre un mundo de posibilidades. Puedes mirar noticias, anuncios comerciales, una serie, una telenovela, programas de concursos y programas deportivos. Algunos son más fáciles de entender que otros, pero todos constituyen una manera útil de practicar tu capacidad de comprensión auditiva.
También recurre a la lectura, naturalmente. Desde novelas hasta artículos de periódico o de revista, leer con frecuencia en español te ayudará a mantener tu nivel y a incrementar tu vocabulario. La Internet es un medio magnífico para hallar toda clase de material de lectura. Hay muchos periódicos en línea, con interesantes artículos sobre temas diversos. Bitácoras (blogs) y foros en español, donde también puedes conocer gente de habla española e intercambiar ideas con ellos. ¿Te gusta la música? En Internet puedes buscar la letra de tu canción favorita y escucharla (incluso cantarla) junto con el cantante.
Y por supuesto, además de leer también puedes escribir. Practica escribiendo textos, un diario, un blog, un ensayo, un cuento. Lo que quieras, lo que te guste, en español.
Te asombrarás de los resultados.
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Una forma muy útil de mantener el español (o de comenzar a estudiarlo, también) es usar algún programa de autoaprendizaje, sea de computadora o de audio. Existen diferentes opciones en el mercado para aprender o mantener el español. Si quieres obtener uno, elige aquel que mejor se adapta a tu personalidad, tus gustos y tu forma de aprender. No todo el mundo aprende de la misma forma. Algunos prefieren escuchar conversaciones y responder preguntas orales, otros prefieren leer textos, otros necesitan mucho apoyo visual, otros necesitan apoyo auditivo. En cualquier caso, pueden ser muy útiles tanto para iniciar el aprendizaje del idioma como para reforzar los conocimientos una vez que ya has alcanzado un nivel alto.
¿Se recibe señal de canales de televisión en español en tu área? Pues adelante: un canal en español te abre un mundo de posibilidades. Puedes mirar noticias, anuncios comerciales, una serie, una telenovela, programas de concursos y programas deportivos. Algunos son más fáciles de entender que otros, pero todos constituyen una manera útil de practicar tu capacidad de comprensión auditiva.
También recurre a la lectura, naturalmente. Desde novelas hasta artículos de periódico o de revista, leer con frecuencia en español te ayudará a mantener tu nivel y a incrementar tu vocabulario. La Internet es un medio magnífico para hallar toda clase de material de lectura. Hay muchos periódicos en línea, con interesantes artículos sobre temas diversos. Bitácoras (blogs) y foros en español, donde también puedes conocer gente de habla española e intercambiar ideas con ellos. ¿Te gusta la música? En Internet puedes buscar la letra de tu canción favorita y escucharla (incluso cantarla) junto con el cantante.
Y por supuesto, además de leer también puedes escribir. Practica escribiendo textos, un diario, un blog, un ensayo, un cuento. Lo que quieras, lo que te guste, en español.
Te asombrarás de los resultados.
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