Tengo una fresca imagen de mis estudiantes de español en mi memoria: Todos con sonrisas animosas, equipados con su cuaderno de notas, su bolígrafo y tal vez algún lápiz, y por supuesto, en primera línea, el diccionario. No importaba de dónde venían ellos, cuál era su lengua materna, a cuál sexo pertenecían ni cuántos años tenían. La presencia del diccionario era esperable, lógica, tanto que normalmente nadie se plantea la posibilidad de descartarlo. De hecho, puedo asegurar que era muy utilizado.
Pero es que... ¿es aconsejable usar un diccionario? Parece una pregunta obvia. Después de todo, me dirán, estamos aprendiendo una lengua extranjera. Ciertamente, el vocabulario desconocido podría llenar un océano y no podemos esperar aprender de memoria cada palabra que necesitemos. Si queremos aprender con relativa rapidez y facilidad, querremos expresar nuestros pensamientos, armar nuestras frases, lograr producir un discurso, y para eso es preciso contar con herramientas. Una de ellas es el diccionario. De hecho, suele ser la herramienta principal.
Sin embargo, he notado que muchas veces esa herramienta tan útil puede convertirse en un obstáculo.
Algunos estudiantes usan tanto el diccionario que leer un texto pequeño se convierte en una labor de horas. Buscan y anotan meticulosamente cada vocablo nuevo, y no avanzan antes de encontrarlo. Esto nos sitúa en dos problemas: El primero es que el número de palabras nuevas es tan alto, que cuando ya las hemos encontrado todas, apenas hemos avanzado muy pocos párrafos y estamos agotados. El segundo problema es que no necesariamente encontraremos en el diccionario la expresión o palabra específica que estamos buscando. Si el estudiante depende tanto de él, en el momento en que no encuentre lo que necesita, no podrá avanzar, es decir, no comprenderá entonces el texto que está leyendo. El diccionario se convierte entonces en un obstáculo para avanzar, no en un aliado.
Si queremos que nuestro diccionario sea nuestro amigo, todo depende de cómo se le usa y cuánto.
Al principio, todas las palabras nos parecen un misterio. Pero ese misterio se va resolviendo conforme avanzamos en nuestras lecciones. Muchas palabras y estructuras sencillas se incorporan con relativa facilidad y nos permiten continuar hacia formas más complejas. En algún momento, poseemos un inventario básico de conocimientos en nuestra cabeza que nos permite leer textos sencillos con cierta facilidad. Luego más complejos y más complejos. De pronto... aparece algo nuevo. Y el primer movimiento que tenemos es ¡tomar el diccionario!
En este punto, hagámonos una pregunta: ¿Puedo comprender este texto sin buscar esta palabra en el diccionario? En otras palabras, ¿podemos "deducir" significados gracias al contexto? Si la respuesta es afirmativa, adelante. No toques el diccionario. Avanza, y avanza hasta que llegues a un punto en que esa pregunta tenga una respuesta negativa. Cuando no es posible comprender lo que leemos a partir del contexto, entonces es el momento adecuado para usar el diccionario. ¿Y qué vas a buscar? Pues aquella palabra "clave". La que pueda hacerte comprender el todo. Y de nuevo, avanzas.
Esta forma más ágil de usar el diccionario tendrá una consecuencia lateral: Aumentará tu confianza, podrás expandir la cantidad y complejidad de tus lecturas, te sentirás más libre cuando leas en español. Y lo disfrutarás más.
¿Conclusión? El diccionario es un libro maravilloso si es nuestro amigo y no nuestro obstáculo.
Ahora tengo otra pregunta. ¿Cuál diccionario es mejor para el estudiante de español: el que traduce a otra lengua o el diccionario regular español-español que usan los hablantes nativos? ¿Qué piensan?
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Our Blogger:
Laura Quijano, abogada, filóloga, escritora, profesora de español por más de 17 años, comparte su conocimiento de la lengua española, sus reflexiones sobre el aprendizaje del español, sus experiencias, ideas, estudios de cultura y más en este blog dedicado a quienes están interesados en la lengua española.
Bienvenidos al Blog.
Laura Quijano, abogada, filóloga, escritora, profesora de español por más de 17 años, comparte su conocimiento de la lengua española, sus reflexiones sobre el aprendizaje del español, sus experiencias, ideas, estudios de cultura y más en este blog dedicado a quienes están interesados en la lengua española.
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Thursday, February 26, 2009
Wednesday, February 18, 2009
Esos falsos "amigos"...
Varios idiomas europeos occidentales presentan numerosas similitudes de vocabulario con el español, lo cual resulta natural si pensamos que provienen de ancestros comunes. Esas palabras que se escriben de forma similar o igual, que incluso se pronuncian parecido y que tienen el mismo significado son llamadas cognados o palabras "amigas". Son fáciles de recordar y realmente facilitan el aprendizaje del idioma, pues siempre será más sencillo recordar una palabra que se parece a otra en tu propio idioma que alguna muy diferente.
Pero... así como hay "verdaderos amigos", también existen los "falsos amigos". ¡Y es muy fácil caer en error en estos casos!
Los falsos amigos o falsos cognados son palabras de distintos idiomas con escritura y sonido muy similares pero con significados diferentes. Cuando nos encontramos con ellos, podemos caer fácilmente en una falsa traducción y hacer que nuestro discurso sea incomprensible o errado. (Nota: Algunos distinguen entre el falso "amigo" y el falso cognado. El primero se refiere a palabras que tienen el mismo origen pero que evolucionaron de forma distinta dentro de cada idioma, mientras que los falsos cognados se refieren a palabras que no tienen el mismo origen etimológico pero que se parecen en escritura o sonido. El resultado práctico, de todas formas, es el mismo).
Entre el inglés y el español, por ejemplo, abundan las listas de "amigos" verdaderos y falsos. "Gratis" en inglés y en español, por ejemplo, aunque se pronuncian diferente significan lo mismo. Igual sucede con la palabra "idea", que, con diferente pronunciación, tiene el mismo significado en un idioma y en el otro. Pero los falsos "amigos" abundan. Por ejemplo, escuchamos en las noticias que hubo una "casualidad". Un hablante del idioma inglés podría pensar que se trata de una víctima de accidente o un herido (casualty), pero en realidad se trata de una coincidence. En otro ejemplo, con una frase como "él no es el presidente actual", un angloparlante puede sentirse confundido. "Actual" en español y "actual" en inglés pueden parecer iguales, pero mientras en español esta palabra significa current, en inglés significa real.
Entre el francés y el español también se presentan falsos "amigos". Si un hablante del francés lee en un texto "estos ingredientes son para batir", puede creer que se trata de una construcción, pero en realidad estamos hablando de la cocina. Bâtir en francés es construir, mientras que batir (en español) se traducirá por battre. ¿Y qué sucedería por ejemplo si se trata de un hablante nativo del portugués que está estudiando español? Es cierto que ambos idiomas son verdaderos primos, pero no son lo mismo. Por ejemplo, si nuestro estudiante lee que una receta lleva "almejas", no debería suponer que se trata de "ciruelas" (ameixas). O si lee que un espectáculo resultó "espantoso", puede creer que en realidad es "sorprendente" o "admirable", cuando en realidad es horrível.
¿Y qué puede ocurrir entre el italiano y el español? Pues lo mismo. Son idiomas que comparten un ancestro común y es natural que tengan muchas palabras similares entre sí. Pero también se presentan los falsos "amigos". Por ejemplo, el estudiante de habla italiana que desee comprar vinagre (aceto) no debe pedir aceite (olio). O si desea agregar mantequilla (burro) a su pan, nadie le comprenderá si pide un poco de burro (asino).
¿Moraleja? Pues resulta obvio: ¡atención a los falsos amigos!
¿Tienes experiencias de falsos amigos entre el español y otra lengua? Puede ser con tu lengua materna o alguna otra que conozcas bien. Si es así, cuéntanos.
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Pero... así como hay "verdaderos amigos", también existen los "falsos amigos". ¡Y es muy fácil caer en error en estos casos!
Los falsos amigos o falsos cognados son palabras de distintos idiomas con escritura y sonido muy similares pero con significados diferentes. Cuando nos encontramos con ellos, podemos caer fácilmente en una falsa traducción y hacer que nuestro discurso sea incomprensible o errado. (Nota: Algunos distinguen entre el falso "amigo" y el falso cognado. El primero se refiere a palabras que tienen el mismo origen pero que evolucionaron de forma distinta dentro de cada idioma, mientras que los falsos cognados se refieren a palabras que no tienen el mismo origen etimológico pero que se parecen en escritura o sonido. El resultado práctico, de todas formas, es el mismo).
Entre el inglés y el español, por ejemplo, abundan las listas de "amigos" verdaderos y falsos. "Gratis" en inglés y en español, por ejemplo, aunque se pronuncian diferente significan lo mismo. Igual sucede con la palabra "idea", que, con diferente pronunciación, tiene el mismo significado en un idioma y en el otro. Pero los falsos "amigos" abundan. Por ejemplo, escuchamos en las noticias que hubo una "casualidad". Un hablante del idioma inglés podría pensar que se trata de una víctima de accidente o un herido (casualty), pero en realidad se trata de una coincidence. En otro ejemplo, con una frase como "él no es el presidente actual", un angloparlante puede sentirse confundido. "Actual" en español y "actual" en inglés pueden parecer iguales, pero mientras en español esta palabra significa current, en inglés significa real.
Entre el francés y el español también se presentan falsos "amigos". Si un hablante del francés lee en un texto "estos ingredientes son para batir", puede creer que se trata de una construcción, pero en realidad estamos hablando de la cocina. Bâtir en francés es construir, mientras que batir (en español) se traducirá por battre. ¿Y qué sucedería por ejemplo si se trata de un hablante nativo del portugués que está estudiando español? Es cierto que ambos idiomas son verdaderos primos, pero no son lo mismo. Por ejemplo, si nuestro estudiante lee que una receta lleva "almejas", no debería suponer que se trata de "ciruelas" (ameixas). O si lee que un espectáculo resultó "espantoso", puede creer que en realidad es "sorprendente" o "admirable", cuando en realidad es horrível.
¿Y qué puede ocurrir entre el italiano y el español? Pues lo mismo. Son idiomas que comparten un ancestro común y es natural que tengan muchas palabras similares entre sí. Pero también se presentan los falsos "amigos". Por ejemplo, el estudiante de habla italiana que desee comprar vinagre (aceto) no debe pedir aceite (olio). O si desea agregar mantequilla (burro) a su pan, nadie le comprenderá si pide un poco de burro (asino).
¿Moraleja? Pues resulta obvio: ¡atención a los falsos amigos!
¿Tienes experiencias de falsos amigos entre el español y otra lengua? Puede ser con tu lengua materna o alguna otra que conozcas bien. Si es así, cuéntanos.
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Wednesday, February 11, 2009
Practicando en casa
Supongamos que has vuelto de un estupendo viaje por un país de habla hispana. Aprendiste mucho, tanto acerca del idioma como acerca de la cultura, y ahora has regresado a casa. La realidad de la vida cotidiana se impone. Regresas a tus viejas rutinas y tu vida vuelve a ser como antes. Pero no quieres perder lo que aprendiste. Para mantenerlo, sabes que hay una vía posible: practicar español en casa. Sin embargo, no es tarea fácil, pues tus amigos, tus familiares, tus vecinos y tus colegas seguirán comunicándose contigo en tu lengua materna. Lo mismo ocurre en las tiendas, en las oficinas y en la calle. ¿Qué hacer, entonces, para mantener el nivel de español que tanto te costó alcanzar? En realidad, hay muchas maneras. Lo más importante es desear hacerlo y cumplirlo.
Una forma muy útil de mantener el español (o de comenzar a estudiarlo, también) es usar algún programa de autoaprendizaje, sea de computadora o de audio. Existen diferentes opciones en el mercado para aprender o mantener el español. Si quieres obtener uno, elige aquel que mejor se adapta a tu personalidad, tus gustos y tu forma de aprender. No todo el mundo aprende de la misma forma. Algunos prefieren escuchar conversaciones y responder preguntas orales, otros prefieren leer textos, otros necesitan mucho apoyo visual, otros necesitan apoyo auditivo. En cualquier caso, pueden ser muy útiles tanto para iniciar el aprendizaje del idioma como para reforzar los conocimientos una vez que ya has alcanzado un nivel alto.
¿Se recibe señal de canales de televisión en español en tu área? Pues adelante: un canal en español te abre un mundo de posibilidades. Puedes mirar noticias, anuncios comerciales, una serie, una telenovela, programas de concursos y programas deportivos. Algunos son más fáciles de entender que otros, pero todos constituyen una manera útil de practicar tu capacidad de comprensión auditiva.
También recurre a la lectura, naturalmente. Desde novelas hasta artículos de periódico o de revista, leer con frecuencia en español te ayudará a mantener tu nivel y a incrementar tu vocabulario. La Internet es un medio magnífico para hallar toda clase de material de lectura. Hay muchos periódicos en línea, con interesantes artículos sobre temas diversos. Bitácoras (blogs) y foros en español, donde también puedes conocer gente de habla española e intercambiar ideas con ellos. ¿Te gusta la música? En Internet puedes buscar la letra de tu canción favorita y escucharla (incluso cantarla) junto con el cantante.
Y por supuesto, además de leer también puedes escribir. Practica escribiendo textos, un diario, un blog, un ensayo, un cuento. Lo que quieras, lo que te guste, en español.
Te asombrarás de los resultados.
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Una forma muy útil de mantener el español (o de comenzar a estudiarlo, también) es usar algún programa de autoaprendizaje, sea de computadora o de audio. Existen diferentes opciones en el mercado para aprender o mantener el español. Si quieres obtener uno, elige aquel que mejor se adapta a tu personalidad, tus gustos y tu forma de aprender. No todo el mundo aprende de la misma forma. Algunos prefieren escuchar conversaciones y responder preguntas orales, otros prefieren leer textos, otros necesitan mucho apoyo visual, otros necesitan apoyo auditivo. En cualquier caso, pueden ser muy útiles tanto para iniciar el aprendizaje del idioma como para reforzar los conocimientos una vez que ya has alcanzado un nivel alto.
¿Se recibe señal de canales de televisión en español en tu área? Pues adelante: un canal en español te abre un mundo de posibilidades. Puedes mirar noticias, anuncios comerciales, una serie, una telenovela, programas de concursos y programas deportivos. Algunos son más fáciles de entender que otros, pero todos constituyen una manera útil de practicar tu capacidad de comprensión auditiva.
También recurre a la lectura, naturalmente. Desde novelas hasta artículos de periódico o de revista, leer con frecuencia en español te ayudará a mantener tu nivel y a incrementar tu vocabulario. La Internet es un medio magnífico para hallar toda clase de material de lectura. Hay muchos periódicos en línea, con interesantes artículos sobre temas diversos. Bitácoras (blogs) y foros en español, donde también puedes conocer gente de habla española e intercambiar ideas con ellos. ¿Te gusta la música? En Internet puedes buscar la letra de tu canción favorita y escucharla (incluso cantarla) junto con el cantante.
Y por supuesto, además de leer también puedes escribir. Practica escribiendo textos, un diario, un blog, un ensayo, un cuento. Lo que quieras, lo que te guste, en español.
Te asombrarás de los resultados.
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Wednesday, February 4, 2009
Viajar por un país de habla hispana
Una de las mejores experiencias de estudiar cualquier lengua extranjera es poder usarla en el país donde se habla. En el caso del español, hay 25 países que reconocen este idioma como lengua oficial. ¡Veinticinco países! Las posibilidades de vivir el español son, pues, muy variadas. Y muchos estudiantes de este hermoso idioma han tenido la oportunidad de viajar en algún momento a uno de estos países. Ahora bien, la pregunta es: ¿cómo aprovecho esta increíble experiencia? Seamos francos: la mayor parte del tiempo, estos afortunados viajeros sólo disponen de un par de semanas para visitar el país. ¿Cómo hacer entonces que la visita valga la pena? ¿Es necesario disponer de varios meses para aprovechar la experiencia de viajar por un país de habla hispana? En realidad, no. Es posible disfrutar en grande y aprovechar el tiempo aunque sólo tengas una o dos semanas para viajar por un país de habla hispana. Por supuesto, si tienes más tiempo, tendrás más oportunidad de incrementar tus conocimientos y habilidades en el idioma, pero si dispones de un periodo muy corto, no te desanimes. También puedes hacer que valga la pena.
Primero, conoce el país que vas a visitar. Cuando haces tus planes, normalmente piensas en qué vas a llevar, a dónde vas a ir y cuánto vas a gastar. Es necesario, pues, conocer detalles prácticos sobre el país que vas a visitar. Pero si también quieres convertir tu experiencia en una oportunidad para practicar el idioma y aumentar tus conocimientos, entonces es recomendable conocer otros aspectos del país: algo de su historia, algo de su cultura. No es igual visitar México que España, Argentina que Panamá. En todos se habla español, pero hay algunas diferencias culturales que pueden ayudarte a comprender una vez que estés allí.
Segundo, ¿es necesario estudiar español antes de viajar a uno de estos lugares? En general, no es necesario, pero sí es ventajoso. Si te has inscrito en una escuela de español, normalmente no necesitarás saber nada de la lengua antes de llegar. Sin embargo, si tienes la oportunidad de estudiar antes de ir, te será muy útil. No se trata de obtener un PhD en español antes de viajar, no. Pero algunos conocimientos previos hacen que tu experiencia sea aún más provechosa. Ahora bien, si no te has inscrito en ninguna escuela de español en el país y quieres practicar la lengua, sí es importante que sepas algo antes de ir. Captar "espontáneamente" el idioma de la calle sin tener ningún conocimiento previo es mucho más difícil y necesita más tiempo.
Una vez que llegas a un país de habla hispana, el español es la lengua de todos los días y la encontraremos a nuestro alrededor constantamente: en las personas, en los medios de comunicación, en cada letrero, en cada programa, en fin, en todas partes. Cuando llegues al aeropuerto, por ejemplo, puedes advertirlo en las conversaciones espontáneas a tu alrededor, en las tiendas. Una vez en la calle, estará en los letreros, en los autobuses y en los taxis. Disfrútalo. No te preocupes si al principio parece que no entiendes nada. Tu mente necesita adaptarse al nuevo entorno. Poco a poco empezarás a notar que comprendes, que aprendes. Mantén tus ojos y tus oídos atentos. Ve a los comercios, a los restaurantes. Mira los anuncios comerciales que pasan por la televisión que está en la cafetería. En el supermercado encontrarás muchos letreros. En el mercado, habla con el tendero.
En general, mientras estés en un país de habla hispana, habla y lee español. No te refugies en el hotel. Ya tendrás oportunidad de hablar tu propio idioma cuando regreses a casa. Si tienes que usar tu propia lengua, sólo háblala en casos de emergencia o verdadera necesidad. En todos los otros casos, sumérgete en el español y vívelo. ¡Realmente lo disfrutarás!
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Primero, conoce el país que vas a visitar. Cuando haces tus planes, normalmente piensas en qué vas a llevar, a dónde vas a ir y cuánto vas a gastar. Es necesario, pues, conocer detalles prácticos sobre el país que vas a visitar. Pero si también quieres convertir tu experiencia en una oportunidad para practicar el idioma y aumentar tus conocimientos, entonces es recomendable conocer otros aspectos del país: algo de su historia, algo de su cultura. No es igual visitar México que España, Argentina que Panamá. En todos se habla español, pero hay algunas diferencias culturales que pueden ayudarte a comprender una vez que estés allí.
Segundo, ¿es necesario estudiar español antes de viajar a uno de estos lugares? En general, no es necesario, pero sí es ventajoso. Si te has inscrito en una escuela de español, normalmente no necesitarás saber nada de la lengua antes de llegar. Sin embargo, si tienes la oportunidad de estudiar antes de ir, te será muy útil. No se trata de obtener un PhD en español antes de viajar, no. Pero algunos conocimientos previos hacen que tu experiencia sea aún más provechosa. Ahora bien, si no te has inscrito en ninguna escuela de español en el país y quieres practicar la lengua, sí es importante que sepas algo antes de ir. Captar "espontáneamente" el idioma de la calle sin tener ningún conocimiento previo es mucho más difícil y necesita más tiempo.
Una vez que llegas a un país de habla hispana, el español es la lengua de todos los días y la encontraremos a nuestro alrededor constantamente: en las personas, en los medios de comunicación, en cada letrero, en cada programa, en fin, en todas partes. Cuando llegues al aeropuerto, por ejemplo, puedes advertirlo en las conversaciones espontáneas a tu alrededor, en las tiendas. Una vez en la calle, estará en los letreros, en los autobuses y en los taxis. Disfrútalo. No te preocupes si al principio parece que no entiendes nada. Tu mente necesita adaptarse al nuevo entorno. Poco a poco empezarás a notar que comprendes, que aprendes. Mantén tus ojos y tus oídos atentos. Ve a los comercios, a los restaurantes. Mira los anuncios comerciales que pasan por la televisión que está en la cafetería. En el supermercado encontrarás muchos letreros. En el mercado, habla con el tendero.
En general, mientras estés en un país de habla hispana, habla y lee español. No te refugies en el hotel. Ya tendrás oportunidad de hablar tu propio idioma cuando regreses a casa. Si tienes que usar tu propia lengua, sólo háblala en casos de emergencia o verdadera necesidad. En todos los otros casos, sumérgete en el español y vívelo. ¡Realmente lo disfrutarás!
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Wednesday, January 28, 2009
Español americano y español peninsular
Si tenemos en cuenta que el español es una de las lenguas más habladas en el mundo (se calculan más de 400 millones de hablantes nativos), no nos extrañaremos que existan numerosas diferencias dialectales entre regiones, pueblos, países y hasta continentes. No es posible que un mismo idioma sea hablado exactamente igual en México y en Argentina, en Colombia y en Uruguay, en Guatemala o en Cuba. Aunque todos hablen español, la lengua común, las diferencias de vocabulario, expresiones, y otras menudencias son reales y hasta pintorescas. Al advertirlas, sentimos que el idioma está realmente vivo. Y una de las diferencias más notadas y que causan mayor preocupación entre los estudiantes de español son aquellas que existen entre el llamado español americano y el llamado español peninsular.
El español "americano" es ni más ni menos que el español que se habla en América (el continente) desde tiempos coloniales hasta hoy. Aquí encontramos todas las formas dialectales del español desde México hasta la Patagonia, incluyendo el español propio de las islas del Caribe. Es el idioma que los conquistadores españoles trajeron al Nuevo Mundo y prevaleció sobre otras lenguas indígenas y ha evolucionado hasta ahora con características propias.
El español "peninsular" es el hablado en la Península Ibérica, es decir, en España. Algunos estudiosos no usan el término porque creen que no cubre el español hablado en las Islas Canarias o en las Islas Baleares, pero nosotros englobaremos dentro del español "peninsular" o de España el que se habla en esas islas españolas también. Posee muchas características propias que lo distinguen del español americano.
Esta distinción, sin embargo, suele dar dos impresiones equivocadas: primero, que cada uno es un tipo de lengua homogénea; y segundo, que son muy diferentes entre sí. Con respecto a la primera impresión, en realidad, aunque el español hablado en los países latinoamericanos suele ser muy similar, no es homogéneo. Hay diferencias de vocabulario y expresiones entre un país y otro, y aún entre una provincia y otra dentro de un mismo país. Lo mismo ocurre con España. Si charlan, por ejemplo, un andaluz y un madrileño, surgirán diferencias dialectales interesantes, aunque ambos estén hablando en español (o castellano, deberíamos decir en este caso). De hecho, en este país todavía persisten otros idiomas muy distintos del castellano, como son el vasco, el gallego o el catalán. Por tanto, el español "americano" y el "peninsular" no son tipos de español homogéneos.
Con respecto a la segunda impresión, se puede afirmar que ambos son diferentes, pero no tanto. Sea que hables español con acento típico de México o de Argentina, por ejemplo, o que hables con el acento que poseen los hablantes de Madrid, se trata de la misma lengua. El español es un idioma notablemente homogéneo en cuanto a reglas estructurales, en cuanto a ortografía y en cuanto a significados generales. Estudiar español en un país americano o hacerlo en España no entrañará ninguna dificultad para el estudiante en el futuro, si luego viaja a otro país y usa la lengua que aprendió. No hay problemas importantes de incomprensión entre latinoamericanos y españoles. Habrá curiosidades, extrañezas y algunas confusiones, pero se subsanan con rapidez y hasta con regocijo, cuando uno aprende que una palabra X significa algo diferente en el pueblo propio y en un país extranjero.
Algunos estudiantes me preguntaron en el pasado cuál de los dos es el español "real". Solían pensar que el "verdadero" español es el de España, pues de allí es originario. La respuesta es sencilla: ninguno es más real que el otro. Tan "verdadero" es el español que hablamos en Latinoamérica como el que se habla en España. ¿Cuál, entonces, es más aconsejable estudiar? Pues, en realidad, el que vayas a usar. Si planeas vivir o trabajar en España, lo natural es que aprendas a expresarte como los españoles. Si vas a viajar por Latinoamérica, te interesará saber cuáles peculiaridades son propias de esta región. Sin embargo, pronto notarás que la base de todos los cursos de español es una lengua estándar, considerablemente neutra, que funciona bien en cualquier lugar.
Así que, no veas estas diferencias como obstáculos para el aprendizaje, sino más bien como una oportunidad más de adentrarte en los rincones más ricos de una lengua extranjera, tan viva, tan dinámica como es el español. De hecho, cada vez que creas encontrar diferencias de región en región o de país en país, piensa en tu propio idioma, en la variedad de expresiones o palabras que compartes con tus amigos, tus vecinos o la zona de donde vienes y descubre lo que te diferencia de otros pueblos y otras regiones que también hablan tu lengua. ¿No abre las perspectivas, no amplía la capacidad de expresión, no resulta satisfactorio saber que el idioma está vivo y evoluciona con cada uno de nosotros? Resulta que estamos, pues, inmersos en una aventura.
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El español "americano" es ni más ni menos que el español que se habla en América (el continente) desde tiempos coloniales hasta hoy. Aquí encontramos todas las formas dialectales del español desde México hasta la Patagonia, incluyendo el español propio de las islas del Caribe. Es el idioma que los conquistadores españoles trajeron al Nuevo Mundo y prevaleció sobre otras lenguas indígenas y ha evolucionado hasta ahora con características propias.
El español "peninsular" es el hablado en la Península Ibérica, es decir, en España. Algunos estudiosos no usan el término porque creen que no cubre el español hablado en las Islas Canarias o en las Islas Baleares, pero nosotros englobaremos dentro del español "peninsular" o de España el que se habla en esas islas españolas también. Posee muchas características propias que lo distinguen del español americano.
Esta distinción, sin embargo, suele dar dos impresiones equivocadas: primero, que cada uno es un tipo de lengua homogénea; y segundo, que son muy diferentes entre sí. Con respecto a la primera impresión, en realidad, aunque el español hablado en los países latinoamericanos suele ser muy similar, no es homogéneo. Hay diferencias de vocabulario y expresiones entre un país y otro, y aún entre una provincia y otra dentro de un mismo país. Lo mismo ocurre con España. Si charlan, por ejemplo, un andaluz y un madrileño, surgirán diferencias dialectales interesantes, aunque ambos estén hablando en español (o castellano, deberíamos decir en este caso). De hecho, en este país todavía persisten otros idiomas muy distintos del castellano, como son el vasco, el gallego o el catalán. Por tanto, el español "americano" y el "peninsular" no son tipos de español homogéneos.
Con respecto a la segunda impresión, se puede afirmar que ambos son diferentes, pero no tanto. Sea que hables español con acento típico de México o de Argentina, por ejemplo, o que hables con el acento que poseen los hablantes de Madrid, se trata de la misma lengua. El español es un idioma notablemente homogéneo en cuanto a reglas estructurales, en cuanto a ortografía y en cuanto a significados generales. Estudiar español en un país americano o hacerlo en España no entrañará ninguna dificultad para el estudiante en el futuro, si luego viaja a otro país y usa la lengua que aprendió. No hay problemas importantes de incomprensión entre latinoamericanos y españoles. Habrá curiosidades, extrañezas y algunas confusiones, pero se subsanan con rapidez y hasta con regocijo, cuando uno aprende que una palabra X significa algo diferente en el pueblo propio y en un país extranjero.
Algunos estudiantes me preguntaron en el pasado cuál de los dos es el español "real". Solían pensar que el "verdadero" español es el de España, pues de allí es originario. La respuesta es sencilla: ninguno es más real que el otro. Tan "verdadero" es el español que hablamos en Latinoamérica como el que se habla en España. ¿Cuál, entonces, es más aconsejable estudiar? Pues, en realidad, el que vayas a usar. Si planeas vivir o trabajar en España, lo natural es que aprendas a expresarte como los españoles. Si vas a viajar por Latinoamérica, te interesará saber cuáles peculiaridades son propias de esta región. Sin embargo, pronto notarás que la base de todos los cursos de español es una lengua estándar, considerablemente neutra, que funciona bien en cualquier lugar.
Así que, no veas estas diferencias como obstáculos para el aprendizaje, sino más bien como una oportunidad más de adentrarte en los rincones más ricos de una lengua extranjera, tan viva, tan dinámica como es el español. De hecho, cada vez que creas encontrar diferencias de región en región o de país en país, piensa en tu propio idioma, en la variedad de expresiones o palabras que compartes con tus amigos, tus vecinos o la zona de donde vienes y descubre lo que te diferencia de otros pueblos y otras regiones que también hablan tu lengua. ¿No abre las perspectivas, no amplía la capacidad de expresión, no resulta satisfactorio saber que el idioma está vivo y evoluciona con cada uno de nosotros? Resulta que estamos, pues, inmersos en una aventura.
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Wednesday, January 21, 2009
Tipos de lectura
Habiendo establecido la importancia de la lectura para mejorar nuestros conocimientos del español, ahora es el turno de preguntarnos cuál clase de lectura será más conveniente para nuestros propósitos. ¿Habrá diferencia? En realidad, sí. No es igual leer una novela que un reporte económico. Ni es igual leer una noticia sobre el espectáculo que sobre los últimos progresos de las ciencias físicas. Cada lectura requiere de diferentes niveles de conocimiento y también de diferente disposición, lo cual resulta lógico cuando hablamos de nuestra lengua materna pero a veces olvidamos cuando estudiamos otra lengua.
Primero pensemos en cuál es nuestro objetivo. Si nuestro interés es un mejoramiento general de nuestras habilidades, lo mejor será enfocarnos en textos con tópicos generales. En este contexto, pensemos en noticias periodísticas y en artículos de revista, en especial aquellos que tratan de temas de interés general, como la actualidad política, los sucesos del día anterior, anuncios comerciales de distintos productos, los consejos relacionados con la salud (cómo comer bien, cuáles ejercicios son ideales), reportes sobre eventos culturales o artísticos como conciertos, exposiones de pintura o ferias de libros. También nos interesan artículos de revistas de viajes, que comentan aspectos interesantes de un país, una zona, una cultura. En este último caso, será muy útil aquellos relatos de viajeros que han ido a países de habla hispana. Las guías de viaje con descripciones culturales y apuntes históricos son extremadamente útiles: no sólo nos ayudan con nuestra práctica lingüística sino también con nuestros conocimientos de la cultura base del idioma español.
Si nuestro objetivo es profundizar en el idioma, posiblemente ya habremos recorrido un largo camino por todos esos textos generales que mencioné. Es el momento, entonces, de lanzarnos un mayor desafío: centremos nuestra atención en textos mucho más complejos, como literatura, historia, ciencia, economía. En este caso, nuestros conocimientos previos del tema deberán ser un poco más amplios, porque nuestro desafío lingüístico será mayor. Por ejemplo, si no comprendo nada de economía en mi propia lengua materna, no comenzaré a lidiar con ella al mismo tiempo que estoy aprendiendo una lengua extranjera. Al menos no para empezar.
Es muy importante considerar qué nos interesa y qué nos gusta. Por ejemplo, si nos apasionan las novelas históricas, pues será ideal leer una obra de este estilo escrita originalmente en español. ¡Ese será nuestro desafío! Si más bien nos interesa la ciencia o queremos ahondar en estudios filosóficos, olvidémonos por el momento de las novelas y busquemos artículos científicos o tratados filosóficos escritos en español. Será una experiencia inolvidable. Conforme ampliamos nuestro vocabulario, nuestro conocimiento de las estructuras del español y nos sentimos cada vez más cómodos leyendo directamente en español, podremos ampliar aún más nuestras lecturas y volvernos más ambiciosos.
¿Cuál es el límite de nuestra ambición? Personalmente, no creo que exista.
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Primero pensemos en cuál es nuestro objetivo. Si nuestro interés es un mejoramiento general de nuestras habilidades, lo mejor será enfocarnos en textos con tópicos generales. En este contexto, pensemos en noticias periodísticas y en artículos de revista, en especial aquellos que tratan de temas de interés general, como la actualidad política, los sucesos del día anterior, anuncios comerciales de distintos productos, los consejos relacionados con la salud (cómo comer bien, cuáles ejercicios son ideales), reportes sobre eventos culturales o artísticos como conciertos, exposiones de pintura o ferias de libros. También nos interesan artículos de revistas de viajes, que comentan aspectos interesantes de un país, una zona, una cultura. En este último caso, será muy útil aquellos relatos de viajeros que han ido a países de habla hispana. Las guías de viaje con descripciones culturales y apuntes históricos son extremadamente útiles: no sólo nos ayudan con nuestra práctica lingüística sino también con nuestros conocimientos de la cultura base del idioma español.
Si nuestro objetivo es profundizar en el idioma, posiblemente ya habremos recorrido un largo camino por todos esos textos generales que mencioné. Es el momento, entonces, de lanzarnos un mayor desafío: centremos nuestra atención en textos mucho más complejos, como literatura, historia, ciencia, economía. En este caso, nuestros conocimientos previos del tema deberán ser un poco más amplios, porque nuestro desafío lingüístico será mayor. Por ejemplo, si no comprendo nada de economía en mi propia lengua materna, no comenzaré a lidiar con ella al mismo tiempo que estoy aprendiendo una lengua extranjera. Al menos no para empezar.
Es muy importante considerar qué nos interesa y qué nos gusta. Por ejemplo, si nos apasionan las novelas históricas, pues será ideal leer una obra de este estilo escrita originalmente en español. ¡Ese será nuestro desafío! Si más bien nos interesa la ciencia o queremos ahondar en estudios filosóficos, olvidémonos por el momento de las novelas y busquemos artículos científicos o tratados filosóficos escritos en español. Será una experiencia inolvidable. Conforme ampliamos nuestro vocabulario, nuestro conocimiento de las estructuras del español y nos sentimos cada vez más cómodos leyendo directamente en español, podremos ampliar aún más nuestras lecturas y volvernos más ambiciosos.
¿Cuál es el límite de nuestra ambición? Personalmente, no creo que exista.
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Friday, January 16, 2009
Para poder escribir hay que leer
El estudio de la gramática es importante, pero no suficiente. Repetir los ejercicios del libro de texto es útil, pero no basta. Si queremos lograr un desempeño satisfactorio en una lengua extranjera, debemos plantearnos desafíos más poderosos. Uno de ellos es obligarnos a expresar nuestros pensamientos de forma estructurada y coherente.
En otras palabras, en un texto.
Pero no necesitamos convertirnos en grandes autores para lograr nuestro cometido. Se trata de saber expresar correctamente nuestros pensamientos, no de escribir una novela o componer un poema. Es un ejercicio escrito, en el cual ponemos en funcionamiento nuestras habilidades ya adquiridas y nos obligamos a obtener otras: a profundizar nuestros conocimientos gramaticales, a mejorar nuestra ortografía, a ampliar nuestro vocabulario, etc. Ahora bien, escribir no es fácil, ni siquiera en nuestra lengua materna. Necesitamos modelos, guías, una base en la cual afianzarnos. Y una de las mejores guías que podemos tener la encontramos en la lectura.
Sí, para escribir primero hay que leer. En la lectura encontramos modelos rápidos, instantáneos, no sólo de palabras, sino de estructuras y de estilos. Es nuestro primer modelo, para aprender y también para perfeccionar nuestras habilidades. Si queremos hablar español, tenemos que escuchar primero cómo se habla. Si queremos escribir en español, pues entonces, leamos textos escritos en dicha lengua. La lectura nos ofrecerá nuevo vocabulario, nuevos contextos, ejemplos de estructuras fáciles y también difíciles. Mientras leemos, asimilamos un estilo, que es propio de la lengua que estudiamos. Y cuanto más leemos, más sencillo es comprender, y a la vez, más natural es escribir. Involucra todas nuestras habilidades, porque también será más sencillo conectar nuestras ideas cuando hablamos.
Un rato, unos minutos del día bastarán para dedicar nuestra atención a un texto nuevo en español. Lo leemos, nos planteamos preguntas. Incluso opinamos. Podemos redactar en el mismo instante esa opinión. Y enriquecemos nuestra experiencia.
Los textos que leemos, entonces, funcionan como guías y nos ayudan a aprender rápidamente. Estos modelos escritos incluyen todos los textos posibles, incluso aquellos que también pueden servir como modelos para el desempeño oral. ¿En cuántos podríamos pensar? Tenemos las noticias, los reportajes de revista, los libros. Y la lista se amplía: ¿Qué tal una canción, un discurso, incluso, una oración? Las opciones son numerosas y variadas. Y allí están, al alcance de nuestras manos.
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En otras palabras, en un texto.
Pero no necesitamos convertirnos en grandes autores para lograr nuestro cometido. Se trata de saber expresar correctamente nuestros pensamientos, no de escribir una novela o componer un poema. Es un ejercicio escrito, en el cual ponemos en funcionamiento nuestras habilidades ya adquiridas y nos obligamos a obtener otras: a profundizar nuestros conocimientos gramaticales, a mejorar nuestra ortografía, a ampliar nuestro vocabulario, etc. Ahora bien, escribir no es fácil, ni siquiera en nuestra lengua materna. Necesitamos modelos, guías, una base en la cual afianzarnos. Y una de las mejores guías que podemos tener la encontramos en la lectura.
Sí, para escribir primero hay que leer. En la lectura encontramos modelos rápidos, instantáneos, no sólo de palabras, sino de estructuras y de estilos. Es nuestro primer modelo, para aprender y también para perfeccionar nuestras habilidades. Si queremos hablar español, tenemos que escuchar primero cómo se habla. Si queremos escribir en español, pues entonces, leamos textos escritos en dicha lengua. La lectura nos ofrecerá nuevo vocabulario, nuevos contextos, ejemplos de estructuras fáciles y también difíciles. Mientras leemos, asimilamos un estilo, que es propio de la lengua que estudiamos. Y cuanto más leemos, más sencillo es comprender, y a la vez, más natural es escribir. Involucra todas nuestras habilidades, porque también será más sencillo conectar nuestras ideas cuando hablamos.
Un rato, unos minutos del día bastarán para dedicar nuestra atención a un texto nuevo en español. Lo leemos, nos planteamos preguntas. Incluso opinamos. Podemos redactar en el mismo instante esa opinión. Y enriquecemos nuestra experiencia.
Los textos que leemos, entonces, funcionan como guías y nos ayudan a aprender rápidamente. Estos modelos escritos incluyen todos los textos posibles, incluso aquellos que también pueden servir como modelos para el desempeño oral. ¿En cuántos podríamos pensar? Tenemos las noticias, los reportajes de revista, los libros. Y la lista se amplía: ¿Qué tal una canción, un discurso, incluso, una oración? Las opciones son numerosas y variadas. Y allí están, al alcance de nuestras manos.
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