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Laura Quijano, abogada, filóloga, escritora, profesora de español por más de 17 años, comparte su conocimiento de la lengua española, sus reflexiones sobre el aprendizaje del español, sus experiencias, ideas, estudios de cultura y más en este blog dedicado a quienes están interesados en la lengua española.

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Wednesday, October 7, 2009

Confusión de letras

Una de las preguntas más usuales entre los hispanohablantes cuando escriben un texto es: "¿se escribe con c o con s?". Otra pregunta muy usual es: "¿se escribe con b o con v?" Y no falta la pregunta: "¿se escribe con s o con z?" Estas dudas tan comunes son acompañadas con otra pregunta angustiosa: "¿se escribe con o sin h?". Es un mar de confusión habitual entre los hispanohablantes a la hora de escribir. La mayoría de las veces la pregunta es contestada oportunamente y la vida continúa. Sin embargo, estas confusiones no son bienvenidas entre aquellos extranjeros de la lengua que están aprendiendo a escribir textos en castellano, pues de pronto encuentran que es difícil adivinar si una palabra se escribe, en efecto, con c, con s, con z, con v, con b o si lleva h al principio.

En general, hay pocas reglas para saber, a priori, cómo escribir un término. En la historia del castellano, ya desde el siglo XV, se había dispuesto que no habría diferencias fonéticas entre la v y la b. Esto significa que, al no poder escuchar una diferencia de sonido entre ambas letras, no es posible adivinar cómo escribir alguna palabra que las contenga. Igual suena valiente, valioso, vencimiento, vaca, vacío, veloz, que bello, baldosa, belicoso, bacanal, beso, o bodrio en los oídos de los hablantes nativos del español. Con pronunciar el término no adivinamos su escritura. Otro tanto ocurre con la c y la s, en particular en América Latina y algunas zonas de Andalucía. Aunque la mayor parte de España sí diferencia cesión de sesión, entre los latinoamericanos ambas palabras se pronuncian exactamente igual (con el sonido de la s). Eso significa que los latinoamericanos tienden a dudar cómo se escriben ambas palabras, pues las dos existen con significados diferentes. Como corolario, en América Latina tampoco existe diferencias entre la s y la z, por lo que vez se pronunciará como si estuviese escrito ves y corazón sonará como si fuese "corasón".


¿Cómo decidir? Se recomiendan algunas directrices. Por ejemplo, se sabe que todas las palabras terminadas en z, como vez, juez, paz, lápiz, etc. cambian su z por una c cuando se usan en plural. Por ejemplo, vez se transformará siempre en veces, juez en jueces, paz en paces, etc. Otra directriz señala que los sustantivos derivados de verbos conservan la c del verbo: decidir derivará en decisión, ceder en cesión, conceder en concesión, etc. Otras reglas, muy numerosas, señalan que la c siempre se usará en terminaciones como -cito/a, -cillo/a, en verbos terminados en -cer, -ceder, etc., en ciertas terminaciones como -ancia, -encia, en las terminaciones -cidad cuando provienen de palabras terminadas en z (feliz-felicidad, capaz- capacidad), etc. El problema con todas estas reglas es que siempre presentan numerosas excepciones, las cuales aumentan la confusión.

En el caso de la b y la v, se pueden contar hasta 22 reglas diferentes de casos en que debe escribirse con b y no v, algunas con sus excepciones implicadas. Por ejemplo, palabras con bra, bre, bri, bro, bru (cabra, cobre, cumbre, etc.) o con bla, ble, bli, blo, blu (amable, blusa, blasón, etc.) siempre se escribirán con b, sin excepciones. Igual sucede con las palabras que comienzan con ab-, ob- y sub-, las cuales no suelen presentar excepciones (absoluto, obsesión, submarino, etc.), así como las terminaciones de los verbos del imperfecto (-aba, -iba, etc.) en todas las personas. Aparte de estos casos, el resto de situaciones en que la b debe escribirse en vez de la v se debe a sus raíces históricas. Por ejemplo, el prefijo bi- significa "dos". Si quieres añadirlo para dar un significado "doble", siempre usarás la b, como es lógico (bimestre, bipolar, bicentenario, etc.). El problema, en estos casos, es que es preciso saber cuáles serían los significados de multitud de prefijos y sufijos, por sus orígenes, para decidir si escribirás con b o con v. La v misma tiene su propia lista de reglas a considerar: se escriben con v los comienzos con vice- o vill- (con excepciones), en las terminaciones con -ívoro/a o -viro/a, después de ad-, cla-, di-, con- y otras, etc. La lista es larga.

En las clases tradicionales de ortografía se suele enseñar las listas de reglas para que los estudiantes las aprendan de memoria. En mi humilde opinión, dicho sistema no es práctico. Los estudiantes aprenden las reglas, las aplican en sus primeros ejercicios, pero luego, como suele suceder cuando aprendes listas sin contexto, las olvidan y vuelven a cometer los mismos errores. Y esto sucede no sólo con los estudiantes de español como lengua extranjera, sino con todos los hispanohablantes en general.

¿Cuál sería entonces la mejor manera de aprender a escribir sin cometer faltas ortográficas? Pienso que la práctica constante es siempre la mejor solución. Primero: leer. Mediante la lectura constante de buenos textos castellanos las palabras se asientan en tu memoria sin necesidad de memorizaciones vacías. Con el tiempo, no tendrás que preguntar cómo se escribe esta o aquélla palabra. Ya sabrás cómo, pues las has leído muchas veces. Y si además de leer de forma regular también practicas tu escritura, con mayor facilidad aprenderás las diferencias entre todas esas letras confusas y no necesitarás recitar de memoria las reglas que las ordenan.

(Por supuesto, en caso de duda, siempre está nuestro amigo el diccionario).

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Wednesday, August 19, 2009

¿Aprendiendo dos idiomas al mismo tiempo?

No es extraño. Muchas veces deseamos -o necesitamos- emprender la difícil tarea de estudiar más de un idioma extranjero, y en algunas ocasiones la oportunidad se presenta al mismo tiempo. Algunos estudiantes han podido cumplir sus metas, pero otros se sienten perdidos e incluso, frustrados. Yo misma he sentido alguna vez la confusión que produce el doble estudio de idiomas, pero no creo que sea tarea imposible, si tomamos en cuenta algunos factores.

Primero: ¿cuáles son esos idiomas? Hablando de estudiar español como lengua extranjera, pensaremos que no puede ser igual estudiar al mismo tiempo un idioma muy parecido al español que otro que no se le parece. Pensemos en el español mismo. Es una lengua romance europea. ¿Existen otras lenguas romances europeas en la actualidad que son estudiadas con igual entusiasmo o interés? Sí, claro. Tenemos el francés, el italiano y el portugués, en primer lugar. Otras lenguas romances como el rumano no suelen ser tan populares, pero es una lengua viva y es posible que alguien desee estudiar rumano al mismo tiempo que estudia español. ¿Qué sucede si alguien comienza a estudiar español y al mismo tiempo está estudiando portugués o italiano? ¿No debería ser muy sencillo? Después de todo, comparten el mismo tipo de vocabulario, gramáticas parecidas, incluso suenan similares.


El caso es que la extraordinaria similitud entre el portugués y el italiano con respecto al español convierte el estudio simultáneo en una tarea muy confusa. Cuando crees estar hablando en portugués, usas el español. Cuando crees estar escribiendo el español, puedes estar escribiendo el italiano. Es una experiencia realmente muy extraña. Y bien pensado, lógica. Tu mente no tiene aún la capacidad para diferenciar con eficacia entre un avril portugués y un abril español, o entre un cantare italiano y un cantar español. En cambio, una vez que hayas aprendido una de las dos lenguas, esa similitud te facilitará la otra. Es decir, cuando se trata de lenguas tan parecidas, no es recomendable estudiarlas al mismo tiempo, sino en forma sucesiva. Primero el español, luego el italiano o el portugués. O viceversa. De esa manera, podrás aprovechar la ventaja de la similitud y no te causará confusión. (El caso del francés es diferente, pues es la lengua romance que más se separa del español por su sistema fonético y por muchas de sus reglas de escritura).

De lo anterior, deducimos que estudiar una lengua muy diferente al español será tarea más fácil. Y sí, suele ser así. Si estás estudiando español y al mismo tiempo tienes que estudiar alemán, la confusión no suele presentarse como en el caso de los idiomas parecidos. Tu mente puede diferenciar sin mayor problema ambos idiomas, que son realmente muy diferentes entre sí, tanto desde el punto de vista de la gramática como del vocabulario.

Otro factor que se debe tomar en cuenta es la intensidad del estudio. Si estás estudiando español de manera semi-intensiva, puedes asumir el estudio semi-intensivo de otra lengua (diferente) sin que represente un cansancio excesivo. Unas horas semanales dedicadas al español no agotarán tu mente, que podrá dedicar unas horas semanales a otro idioma. Incluso es posible que te sientas más activo y rápido. Pero si estás inmerso en un idioma muchas horas a la semana, el balance cambia. Si estás en un país de habla hispana, por ejemplo, viviendo con una familia hispanohablante o si estás llevando un curso intensivo de muchas horas semanales de español, y luego intentas estudiar otro idioma -aunque sea diferente-, corres el riesgo de agotarte. Y tu mente agotada no podrá aprender ni una palabra más en ninguno de los dos.

Finalmente, la dificultad. ¿Es fácil o es difícil para ti aprender un idioma extranjero? Es natural que haya personas para quienes el estudio de una lengua sea cosa sencilla, mientras que para otros es una tarea de mucho cuidado. Si un estudiante piensa -y sabe- que estudiar una segunda lengua al mismo tiempo le representará una fuente de tensiones y dificultades, creo que lo recomendable es que desista de dicha idea. Por el contrario, si ha asumido el estudio de una de las lenguas con tranquilidad y razonable facilidad, estudiar otra no tendría por qué ser un problema. Lo más importante, pienso, es que el estudio sea provechoso y, sí, también, divertido.
Dicho esto, ¡buena suerte!


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Monday, July 27, 2009

El problemático "haber"

En español, pocas palabras serán más usuales y necesarias que el verbo haber. Lo usamos tanto y nos es tan familiar a los hispanohablantes, que es también uno de los verbos peor comprendidos. No son pocos los nativos del español que equivocan su conjugación correcta y utilizan mal o escriben mal este verbo tan importante, posiblemente porque no se detienen a pensar mucho en él. Y a veces, transmitimos estos malos hábitos a los estudiantes del idioma.

Haber puede ser usado como verbo simple o puede actuar en un verbo compuesto. Cuando actúa como verbo simple posee un significado general de existir (hay muchos niños en el mundo, había una sensación general de tristeza en la habitación, mañana habrá fiestas en todo el país). Es impersonal, lo que significa que sólo posee una forma de conjugación posible para cada tiempo verbal: en el presente es hay, en el pasado es hubo o había, en el futuro es habrá, etc. No se debe acompañar un verbo impersonal con las personas gramaticales: no diremos yo he ni tú hubiste o algo parecido si estamos usando este verbo en su forma simple. Diremos hay un hombre en la habitación, había mucha gente en el cine, habrá problemas mañana, etc. Suele estar ligado a un tiempo y a un espacio concretos (en la habitación, en el cine, mañana) aunque también lo usamos en abstracto: Hay un vacío en mi corazón, ¿habrá paz al fin?, etc.


En el caso de actuar como verbo compuesto, haber es un auxiliar que se une al participio pasado de otro verbo (-ado, -ido) y tendrá todas las conjugaciones personales necesarias: yo he caminado, tú habías estudiado, ellos habrán dormido, nosotros habíamos estado allí, ustedes han trabajado mucho, etc.

¿Cuándo y dónde se presentan los problemas? En realidad, cuando haber funciona como auxiliar, casi nadie tiene problemas con él. Se conjuga adecuadamente y se usa sin complicaciones. Los problemas comienzan, para hispanohablantes y para extranjeros de la lengua, cuando el verbo haber funciona como verbo impersonal simple, por la sencilla razón de que lo personalizamos. Esta clase de errores es tan general que muchas veces se hacen bromas con ellos, y se les encuentra en todo el mundo hispano, desde España hasta Latinoamérica, de norte a sur, de este a oeste.

Escuchemos sólo algunos ejemplos: "En esta habitación, habemos cinco personas", "Habían tantos estudiantes que no cabían", "Apenas comenzaron las protestas, hubieron problemas". "Han habido tantas llamadas que no puedo contestar". En todas las oraciones anteriores, se cometió el mismo error: haber fue personalizado. Es una tendencia general, pero incorrecta, y a veces inconsciente. ¿Por qué, me preguntarán, si se comete este error con tanta frecuencia, no se decide personalizar el verbo haber? Podríamos pensar que la Real Academia Española decidiera un día "tornar" el verbo haber en un verbo personal y nos evitaríamos todas esas complicaciones.

Supongo que podría ocurrir (¡ocurren tantas rarezas en este mundo!), pero lo veo improbable. La razón está en que el verbo haber es impersonal porque así nació y así se necesita. Es preciso formar frases de nivel impersonal y este verbo las cumple con toda lógica. Personalizar una situación que es de naturaleza impersonal es una decisión que va contra la lógica. Y sería mucho más complicado explicar por qué podemos personalizarlo que simplemente recordar unas reglas sencillas.

Hay cinco personas, había muchos estudiantes, hubo problemas, ha habido muchas llamadas... Sólo recordemos que el verbo haber se resuelve con una sola forma, sin importar cuántos sustantivos vienen detrás de él, y el asunto estará resuelto. No incurriremos en el error ni tendremos que forzar las reglas de la lógica gramatical para subsanarlo. :)

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Monday, July 13, 2009

Ustedes... y vosotros

Culminamos nuestra mirada sobre las variantes españolas de las segundas personas (o interlocutores) con el plural. En muchos idiomas existe una sola palabra para que alguien pueda dirigirse a dos o más personas. En español contamos con dos palabras distintas: una es ustedes y la otra es vosotros.

En tiempos medievales, el latín nos había dejado dos pronombres personales para tratar a una segunda persona: el para el singular y el vos para el plural. Sin embargo, como las lenguas no se quedan quietas y cambian con el tiempo, el y el vos evolucionaron hasta quedar, los dos, como muestras de segunda persona singular. El plural comenzó a formarse con un vos y un otros. De esta manera, en aquellos tiempos, la gente comenzó a decir vos para referirse a un interlocutor (formal) y vos otros para referirse a dos o más interlocutores (formal o informal). El vos otros derivó con el tiempo en el moderno vosotros. Este vosotros se utilizó con las conjugaciones verbales en -áis, -éis e -ís, el imperativo en -ad, -ed e -id y sostuvo sus otros pronombres, como el os. Por ejemplo: ¿Qué queréis vosotros? Juan, Pedro, venid conmigo. Hola, chicos, ¡os invito a comer helados y pastel! Y así permaneció hasta el presente.

Pero vosotros no quedaría solo en el panorama de la segunda persona del plural. Recordemos que Vuestra Merced evolucionó hacia el usted, cuya principal característica es su connotación formal y respetuosa. Era lógico pensar que así como existía un Vuestra Merced también surgiría un Vuestras Mercedes, como en efecto ocurrió. Este Vuestras Mercedes era un forma de tratamiento formal y respetuosa que utilizaba la conjugación verbal de la tercera persona plural (Vuestras Mercedes gozarán de las mejores habitaciones) y que iba dirigido a altos dignatarios y miembros de la nobleza. Tal como sucedió con su contraparte singular, Vuestras Mercedes también varió con el tiempo y originó el ustedes que existe hoy en día. Ustedes, aunque es una segunda persona plural, también utiliza la conjugación verbal de la tercera persona plural y los pronombres directos/indirectos correspondientes. Así tenemos ejemplos como Vengan ustedes, por favor Damas y caballeros, tomen asiento ¿Desean ustedes que les traiga el menú? Gracias por su amabilidad, estimados señores. Se ha observado en algunos lugares de España (e incluso en ciertas zonas de Chile) que a veces el ustedes se conjuga con las formas verbales del vosotros (Ustedes habláis), pero esta modalidad no es considerada correcta ni es habitual.

¿Qué sucede hoy en día con esta doble existencia de segundas personas plurales? Una alegre convivencia. En España coexisten de la misma manera en que coexisten el y el usted. Esto es: vosotros se reserva para el trato informal o familiar (Niños, ¿queréis unos dulces?) y el ustedes se utiliza para el trato formal, mucho menos frecuente ahora en dicho país (Señores, ¿pueden notar...?). La excepción la encontramos en Andalucía y Canarias, donde vosotros ha desaparecido paulatinamente y ustedes se usa tanto para el trato formal como el informal.


En cuanto a Latinoamérica, vosotros no existe en la lengua cotidiana ni en la escrita. Ustedes prevalece en todos sentidos, formal e informal, desde México hasta la Patagonia (Niños, ¿quieren unos dulces? Señoras y señoras, pueden sentarse). El vosotros sólo se usa en situaciones ritualizadas (como la misa católica) o en términos de broma (para fingir situaciones muy retóricas o arcaicas). Sin embargo, los latinoamericanos comprenden muy bien el vosotros, lo aprenden en sus lecciones de castellano cuando son niños, lo reconocen sin esfuerzo en los libros escritos y/o editados por españoles y también lo reconocen sin ningún esfuerzo en los programas televisados desde España.

Así que, es fácilmente deducible que estudiar y comprender ambas formas es lo ideal para cualquier estudiante del español y hasta para cualquier hablante nativo. En mi caso, pongo este tema a su (vuestra) disposición. ¡Saludos!


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Tuesday, June 30, 2009

Para servir a Vuestra Merced...

En la entrada anterior estuvimos charlando sobre el uso de y el de vos en la lengua española actual. Ambas formas de tratamiento ocupan la posición de la segunda persona singular y son informales, pues las dos se usan para el trato entre familiares y el trato entre iguales. Las diferencias se encuentran en las zonas geográficas donde son utilizadas, en las formas verbales que utilizan y en su historia. Pero la segunda persona singular no se queda en el y en el vos. Existe otro pronombre, muy extendido en todo el mundo hispanohablante, que funciona para designar la segunda persona singular y que posee una dinámica muy propia: usted. No hay zona de habla española donde no se le conozca o donde no se le utilice.

Usted tiene su propia historia. En épocas medievales no existía, pues la segunda persona informal era , que se usaba para el trato entre iguales o con la familia, y la segunda persona formal era vos, que en aquella época aún usaba las formas verbales terminadas en -áis, -éis, -asteis, -isteis, etc. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, tal como lo mencionamos en la entrada pasada, el vos comenzó a generalizarse tanto que finalmente perdió toda su formalidad. La gente, necesitando una manera solemne de dirigirse a nobles y altos dignatarios, comenzó a utilizar la expresión Vuestra Merced, que por tratarse de una manera indirecta de dirigirse a alguien, usaba la conjugación verbal correspondiente a la tercera persona. De esta manera, si alguien necesitaba hablar con un superior jerárquico, un noble o un alto dignatario, le decía: "Si Vuestra Merced lo desea, puede disponer de esta sala..." o "¿Cómo estuvo el viaje de Vuestra Merced?" o "Espero que Vuestra Merced haya disfrutado de su comida" u otras frases por el estilo. Vuestra Merced se generalizó entonces como fórmula de profundo respeto. Con el transcurrir de los siglos, Vuestra Merced comenzó a contraerse, y derivó en Vuesarced hasta desembocar en usted. Su significado formal, sin embargo, se mantuvo intacto.


Hoy en día, usted es la manera en que todo hispanohablante se dirige a un superior, a una persona desconocida, o a una persona mayor que le infunda respeto, y siempre se utiliza en situaciones serias, formales o solemnes. Es más común en algunos países que en otros, pues algunas sociedades conservaron por más tiempo cierto formalismo que otras, pero existe en todas. En zonas rurales o entre gente de baja educación, ha perdido incluso la -d y se oye el término usté en vez de usted, siempre conservando su connotación formal (con un significado informal, aún entre gente de educación media, también suele preferirse el usté por sobre el usted). En España ha desaparecido en gran medida en todos los círculos sociales, pero en Latinoamérica su presencia es mucho más importante, también en todos los círculos sociales. Su conjugación verbal sigue correspondiendo a la tercera persona singular, por lo que, aunque hablamos a un interlocutor, usamos las formas verbales de él o de ella: ¿Cómo está usted? Usted puede ayudarme. ¿Usted es Jaime González? También, cuando necesitamos usar un pronombre directo o indirecto, recurriremos a las formas de las tercera persona, como por ejemplo: Usted me dijo que lo llamara hoy (si nos dirigimos a un hombre), ¿Desea usted que la acompañe? (si nos dirigimos a una mujer). A usted le pido que venga. Etc.


Caso aparte merece el uso de usted en Costa Rica y en Colombia. Posiblemente por haber conservado cierto formalismo en la manera de tratarse entre familiares o por otras razones (en Costa Rica el desapareció por completo desde el principio), el usted comenzó a generalizarse también en situaciones íntimas o de cariño, con lo que comenzó a dominar la forma de tratamiento entre familiares y entre iguales. Es frecuente entonces que tanto en uno como en otro país, los familiares o los niños se traten entre sí con el usted y no con el vos o el como podría esperarse. En los últimos años, la generalización del vos se ha hecho más fuerte en Costa Rica, con lo que el tradicional usté familiar (sin la -d) ha retrocedido en gran medida, aunque sin embargo, continúa compitiendo fuertemente con el vos. En Colombia, por otro lado, se sabe que sigue un usted muy frecuente, incluso su merced (a veces, su mercé, sin la -d), en el trato familiar, especialmente en ciertas zonas alejadas de los centros urbanos, pues durante mucho tiempo prevaleció la desconfianza al urbano. En ambos países, de todas formas, el usted formal también se usa en situaciones solemnes o cuando se trata a un desconocido.

Por otro lado, el uso de usted puede introducir sutiles variantes culturales y psicológicas en el trato, porque posee una fuerte connotación de formalismo y distancia. Es tan fuerte, que por mucho tiempo, los socialistas españoles consideraron el usted como una característica de la derecha conservadora mientras que vieron en el la igualdad social que pregonaban. Lo mismo se puede advertir en el uso del usted de acuerdo a las generaciones: los jóvenes tienden a evitarlo, mientras los mayores lo prefieren, precisamente por su formalidad.

En general, siguiendo esta característica de usted, si alguien desea poner distancia con respecto a otros, lo hace de inmediato con sólo usarlo. Si se desea, por el contrario, crear un ambiente de intimidad, recurre al tuteo (o al voseo). El efecto es instántaneo, inequívoco. Recuerdo, para ilustrar esta situación, un bolero clásico que se llamaba Usted. En las canciones de amor, impera el como forma de tratamiento, pues es normal que se canten entre amantes, pero el bolero Usted, con sólo usar este pronombre, indicaba un amor imposible, de un hombre inferior a una mujer en una escala social o en una edad que le estaba prohibida:




Con respecto a los registros escritos, frecuentemente usted se contrae a Ud. o Vd. (ésta es más antigua).

Para la próxima vez, les tocará el turno a ustedes... y a vosotros.



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Wednesday, June 17, 2009

¿Y vos? ¿Qué pensás?

En muchos textos de enseñanza del castellano se incluyen ejemplos de conjugaciones verbales con sus correspondientes personas gramaticales. Tenemos yo, tú, él/ella, nosotros, vosotros, ellos/as en una gran cantidad de dichos textos, junto a verbos modelos, como hablar, comer, vivir, etc. (yo hablo, comes, él vive, nosotros tenemos, ...) Hasta aquí, nadie considera necesario preguntarse si esta forma de explicar las conjugaciones verbales españolas está completa. Todo el mundo la aprende así y listo. Pero luego, cuando el estudiante de español sale a la calle y se acerca a una oficina o una tienda, alguien le pregunta: ¿Y usted, señor, qué desea? O en una fiesta con amigos hispanohablantes, conoce a alguien nuevo que le pregunta: ¿Cómo te llamás vos? Naturalmente, nuestro estudiante puede pensar: ¿Qué es esto? Y con razón, pues no sólo el es una persona gramatical importante de estudiar, sino que el usted y el vos se combinan en nuestro lenguaje diario. Incluso, yendo más lejos, no debemos olvidar al ustedes, el cual tampoco suele verse incluido en nuestros conocidos textos de enseñanza tradicionales.

En la actualidad, tú, vos y usted son personas gramaticales equivalentes: todas representan a la segunda persona del singular, esto es, al interlocutor. Cuando nos dirigimos a alguien, podemos tratarlo de , de vos o de usted, y en todos los casos será siempre la misma persona. Ustedes y vosotros son también personas gramaticales equivalentes: ambas representan a la segunda persona del plurarl, es decir, cuando hablamos con dos o más personas y nos dirigimos directamente a ellos. Podemos tratarlos de ustedes o de vosotros, que tendrá el mismo significado gramatical. Las diferencias estarán en las conjugaciones verbales -específicas para cada uno-, en el uso cultural o contextual de cada uno, en sus orígenes históricos, y en sus usos geográficos. (¡No es poco!)


Comencemos por el y el vos. Se llama tuteo al uso del y voseo al uso del vos.

proviene del tu latino. En latín, existía una sola forma para la segunda persona del singular y era tu. Para la segunda persona del plural existía vos. Cada pronombre tenía sus correspondientes conjugaciones verbales y otras concordancias. Con el paso de los siglos, al transformarse el latín en diferentes lenguas romances, también cambiaron paulatinamente sus formas personales. En español, poco a poco, el vos también comenzó a aplicarse a la segunda persona del singular y empezó a diferenciarse del en su contexto: el se reservó para situaciones informales o de confianza, y el vos para situaciones muy formales y/o de respeto, y para el plural. En épocas medievales, vos era usado para tratar a nobles y personas importantes, mientras el se usaba para la familia y el trato entre iguales. Además, vos era usado como plural.

Las transformaciones no quedaron allí. Poco a poco, comenzó a decirse "vos otros" para indicar un plural de segundas personas y reservarse el vos sólo para el singular. También comenzó a generalizarse tanto, que las personas ya no consideraban que era formal o respetuoso, por lo que usaron Vuestra Merced para referirse a nobles y personas importantes, y dejaron el vos para el trato familiar, junto al . Durante el siglo XVI, el vos "familiar" pasó a generalizarse en América, mientras en España fue eliminado por decisión de las Cortes. Con el transcurso del tiempo, desapareció por completo de España, donde quedó solamente el como trato familiar. En América, el vos se afianzó como trato familiar en zonas alejadas de la influencia española y desapareció en lugares donde ésta era muy poderosa. Por eso, en la actualidad, el vos como trato familiar quedó en países como Argentina, Uruguay, algunas zonas de Colombia y Centroamérica, y desapareció de México o de Perú, centros urbanos de la colonia española.

Hoy en día, poseemos dos registros de voseo: el voseo reverencial clásico, usado durante la Edad Media y que sólo queda en textos históricos o en narrativa histórica y no en la lengua hablada, y el voseo dialectal americano, el cual usa el vos en vez del para tratar a familiares y a iguales. Este voseo dialectal posee sus propias formas verbales (vos tenés, vos querés, vos pensás, decí, vení, etc.), que son diferentes de las conjugaciones del (tú tienes, tú quieres, tú piensas, di, ven, etc.), pero comparte con el otras formas gramaticales, como los pronombres directos (te) y los posesivos (tuyo). En los países donde predomina el vos, no se usa generalmente el tú, con algunas excepciones. Antes no se usaba en el lenguaje escrito, pero hoy en día abunda en obras literarias y anuncios comerciales. ¿Dónde lo encontramos? Principalmente en: Argentina, Paraguay, Uruguay, algunas zonas de Colombia, y en todo América Central excepto en Panamá. En otros países, como Ecuador, Chile y Venezuela coexiste con el tuteo en algunas zonas.

En otra entrada, charlaremos sobre usted, vosotros y ustedes. :)


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Tuesday, June 9, 2009

"Don" y "doña": una marca cultural

En la entrada pasada, estuvimos charlando sobre los títulos de tratamiento en el idioma español. Son útiles, frecuentes y se encuentran generalizados en la cultura y lengua españolas. Mencioné algunos usos de señor, señora y señorita, así como de títulos profesionales (doctor, licenciado, etc.) y de los títulos don y doña. Estos últimos merecen una atención especial, pues ocupan una posición particular en la lengua española.

Don proviene del latín dominus, que significa señor y que también originó la palabra dueño. Doña, como es de suponer, proviene de domina (señora), término que también originó dueña. En tiempos de la Edad Media española, tanto don como doña eran fórmulas de tratamiento reservadas para los reyes, sus parientes más cercanos y altos dignatarios de la Iglesia, como arzobispos o cardenales. Infundía respeto, y se usaba con el nombre de pila o con éste y el apellido. Con el paso del tiempo, las reglas estrictas para otorgar el derecho de usar don o doña se hicieron un poco más flexibles, con lo que se extendieron a otros nobles, miembros del cuerpo militar, hidalgos y obispos. Sin embargo, en pleno siglo XVI no se usaba entre la plebe. Por eso Sancho Panza no considera apropiado que Alonso Quijano se atreva a usar un don delante de su nuevo nombre (Don Quijote de la Mancha), aunque se supone que el viejo Quijano era un hidalgo venido a menos.


En esos tiempos, el uso del don y del doña estaba regulado y registrado, pero en América no se observaron reglas tan estrictas y posiblemente se generalizó más rápido que en la península ibérica, aunque no se pudiera "demostrar" la nobleza o hidalguía de quien lo usaba. Incluso se le asignaba a indígenas americanos que hubieran ostentado altos cargos (príncipes, sacerdotes, etc.) y que los hacía presentarse como equivalentes a nobles. Vemos pues que el uso de don y doña no se extendió a la plebe hasta el siglo XX.

Hoy en día el uso de don y doña es generalizado en todo el mundo hispanohablante con diferentes grados de frecuencia y matices. En general, la regla sigue siendo la misma: delante del nombre de pila o de éste y el apellido, como por ejemplo don Juan o don Juan Quirós, doña Cecilia o doña Cecilia Martínez (no se usa nunca solo con el apellido: don Quirós o doña Martínez son imposibles). Usadas de esta forma, ambas formas de tratamiento transmiten respeto. Suele utilizarse con personas mayores o con superiores jerárquicos. En algunos países, como España, se reserva sólo para situaciones muy formales, mientras que en varios países de América Latina su uso sigue siendo muy extendido aunque las situaciones no sean muy formales. Se emplea también con cierta familiaridad con clientes a los que se conoce bien o con personas mayores que pertenecen a nuestra familia.

El uso de don y doña en solitario se le supone similar al señor o señora, pero creo que aquí intervienen varios factores culturales en juego. Decir ¿en qué le puedo servir, don? puede ser interpretado de forma diferente si estás en México a si estás en Costa Rica, por ejemplo. En México se ve como un simple sustituto de señor, pero en Costa Rica es un signo de exceso de confianza y por tanto, irrespetuoso, o también como propio de personas de baja educación. En este último país, por tanto, sería mejor usar el don sólo con el nombre o, si no se le conoce, sustituirlo por señor. La regla se aplica de igual forma a la versión femenina doña- señora. En algunos países, incluso, don y doña han experimentado la aplicación del diminutivo: doncito- doñita. En este caso, nunca se usa con el nombre de la persona. Debemos entonces aplicar las reglas propias del país o región donde nos hallemos: en México, volviendo a nuestro ejemplo, si usamos doncito o doñita se interpreta como familiaridad cariñosa, en Costa Rica como familiaridad irrespetuosa o propio de personas sin educación. Por tanto, mi recomendación es usar el don o el doña siempre con el nombre, pero si no se conoce, utilizar el formal señor/señora.

Ahora bien, usar don o doña como un sustantivo, con un artículo o un demostrativo delante, es interpretado como tratamiento despreciativo en cualquier lugar: ese don, esta doña, el doncito me dijo, la doñita no llegó, etc.

Otro uso interesante de don o doña es a nivel comercial o en ciertas expresiones idiomáticas. Don o doña tienen una connotación de grande o formal. A veces, para dar a entender que nuestro negocio es el mejor de su clase o contiene todo lo que el cliente necesita, le ponemos como nombre "Don...": por ejemplo, "Don Tornillo", "Don Balón", etc. De la misma forma, si decimos que alguien es un Don Nadie, enfatizamos lo insignificante que es con la fórmula "don". En fábulas o cuentos infantiles, muchos personajes animales que hablan y se relacionan como si fueran vecinos humanos, son llamados don o doña para humanizarlos y a la vez civilizarlos. Así tenemos cuentos sobre Don Conejo o Don Coyote, no sobre un conejo y un coyote, sobre doña Urraca o don Tigre, no de una urraca y un tigre. El efecto es inmediato: familiaridad y identificación instántaneas. :)


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