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Laura Quijano, abogada, filóloga, escritora, profesora de español por más de 17 años, comparte su conocimiento de la lengua española, sus reflexiones sobre el aprendizaje del español, sus experiencias, ideas, estudios de cultura y más en este blog dedicado a quienes están interesados en la lengua española.

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Monday, July 13, 2009

Ustedes... y vosotros

Culminamos nuestra mirada sobre las variantes españolas de las segundas personas (o interlocutores) con el plural. En muchos idiomas existe una sola palabra para que alguien pueda dirigirse a dos o más personas. En español contamos con dos palabras distintas: una es ustedes y la otra es vosotros.

En tiempos medievales, el latín nos había dejado dos pronombres personales para tratar a una segunda persona: el para el singular y el vos para el plural. Sin embargo, como las lenguas no se quedan quietas y cambian con el tiempo, el y el vos evolucionaron hasta quedar, los dos, como muestras de segunda persona singular. El plural comenzó a formarse con un vos y un otros. De esta manera, en aquellos tiempos, la gente comenzó a decir vos para referirse a un interlocutor (formal) y vos otros para referirse a dos o más interlocutores (formal o informal). El vos otros derivó con el tiempo en el moderno vosotros. Este vosotros se utilizó con las conjugaciones verbales en -áis, -éis e -ís, el imperativo en -ad, -ed e -id y sostuvo sus otros pronombres, como el os. Por ejemplo: ¿Qué queréis vosotros? Juan, Pedro, venid conmigo. Hola, chicos, ¡os invito a comer helados y pastel! Y así permaneció hasta el presente.

Pero vosotros no quedaría solo en el panorama de la segunda persona del plural. Recordemos que Vuestra Merced evolucionó hacia el usted, cuya principal característica es su connotación formal y respetuosa. Era lógico pensar que así como existía un Vuestra Merced también surgiría un Vuestras Mercedes, como en efecto ocurrió. Este Vuestras Mercedes era un forma de tratamiento formal y respetuosa que utilizaba la conjugación verbal de la tercera persona plural (Vuestras Mercedes gozarán de las mejores habitaciones) y que iba dirigido a altos dignatarios y miembros de la nobleza. Tal como sucedió con su contraparte singular, Vuestras Mercedes también varió con el tiempo y originó el ustedes que existe hoy en día. Ustedes, aunque es una segunda persona plural, también utiliza la conjugación verbal de la tercera persona plural y los pronombres directos/indirectos correspondientes. Así tenemos ejemplos como Vengan ustedes, por favor Damas y caballeros, tomen asiento ¿Desean ustedes que les traiga el menú? Gracias por su amabilidad, estimados señores. Se ha observado en algunos lugares de España (e incluso en ciertas zonas de Chile) que a veces el ustedes se conjuga con las formas verbales del vosotros (Ustedes habláis), pero esta modalidad no es considerada correcta ni es habitual.

¿Qué sucede hoy en día con esta doble existencia de segundas personas plurales? Una alegre convivencia. En España coexisten de la misma manera en que coexisten el y el usted. Esto es: vosotros se reserva para el trato informal o familiar (Niños, ¿queréis unos dulces?) y el ustedes se utiliza para el trato formal, mucho menos frecuente ahora en dicho país (Señores, ¿pueden notar...?). La excepción la encontramos en Andalucía y Canarias, donde vosotros ha desaparecido paulatinamente y ustedes se usa tanto para el trato formal como el informal.


En cuanto a Latinoamérica, vosotros no existe en la lengua cotidiana ni en la escrita. Ustedes prevalece en todos sentidos, formal e informal, desde México hasta la Patagonia (Niños, ¿quieren unos dulces? Señoras y señoras, pueden sentarse). El vosotros sólo se usa en situaciones ritualizadas (como la misa católica) o en términos de broma (para fingir situaciones muy retóricas o arcaicas). Sin embargo, los latinoamericanos comprenden muy bien el vosotros, lo aprenden en sus lecciones de castellano cuando son niños, lo reconocen sin esfuerzo en los libros escritos y/o editados por españoles y también lo reconocen sin ningún esfuerzo en los programas televisados desde España.

Así que, es fácilmente deducible que estudiar y comprender ambas formas es lo ideal para cualquier estudiante del español y hasta para cualquier hablante nativo. En mi caso, pongo este tema a su (vuestra) disposición. ¡Saludos!


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Tuesday, June 30, 2009

Para servir a Vuestra Merced...

En la entrada anterior estuvimos charlando sobre el uso de y el de vos en la lengua española actual. Ambas formas de tratamiento ocupan la posición de la segunda persona singular y son informales, pues las dos se usan para el trato entre familiares y el trato entre iguales. Las diferencias se encuentran en las zonas geográficas donde son utilizadas, en las formas verbales que utilizan y en su historia. Pero la segunda persona singular no se queda en el y en el vos. Existe otro pronombre, muy extendido en todo el mundo hispanohablante, que funciona para designar la segunda persona singular y que posee una dinámica muy propia: usted. No hay zona de habla española donde no se le conozca o donde no se le utilice.

Usted tiene su propia historia. En épocas medievales no existía, pues la segunda persona informal era , que se usaba para el trato entre iguales o con la familia, y la segunda persona formal era vos, que en aquella época aún usaba las formas verbales terminadas en -áis, -éis, -asteis, -isteis, etc. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, tal como lo mencionamos en la entrada pasada, el vos comenzó a generalizarse tanto que finalmente perdió toda su formalidad. La gente, necesitando una manera solemne de dirigirse a nobles y altos dignatarios, comenzó a utilizar la expresión Vuestra Merced, que por tratarse de una manera indirecta de dirigirse a alguien, usaba la conjugación verbal correspondiente a la tercera persona. De esta manera, si alguien necesitaba hablar con un superior jerárquico, un noble o un alto dignatario, le decía: "Si Vuestra Merced lo desea, puede disponer de esta sala..." o "¿Cómo estuvo el viaje de Vuestra Merced?" o "Espero que Vuestra Merced haya disfrutado de su comida" u otras frases por el estilo. Vuestra Merced se generalizó entonces como fórmula de profundo respeto. Con el transcurrir de los siglos, Vuestra Merced comenzó a contraerse, y derivó en Vuesarced hasta desembocar en usted. Su significado formal, sin embargo, se mantuvo intacto.


Hoy en día, usted es la manera en que todo hispanohablante se dirige a un superior, a una persona desconocida, o a una persona mayor que le infunda respeto, y siempre se utiliza en situaciones serias, formales o solemnes. Es más común en algunos países que en otros, pues algunas sociedades conservaron por más tiempo cierto formalismo que otras, pero existe en todas. En zonas rurales o entre gente de baja educación, ha perdido incluso la -d y se oye el término usté en vez de usted, siempre conservando su connotación formal (con un significado informal, aún entre gente de educación media, también suele preferirse el usté por sobre el usted). En España ha desaparecido en gran medida en todos los círculos sociales, pero en Latinoamérica su presencia es mucho más importante, también en todos los círculos sociales. Su conjugación verbal sigue correspondiendo a la tercera persona singular, por lo que, aunque hablamos a un interlocutor, usamos las formas verbales de él o de ella: ¿Cómo está usted? Usted puede ayudarme. ¿Usted es Jaime González? También, cuando necesitamos usar un pronombre directo o indirecto, recurriremos a las formas de las tercera persona, como por ejemplo: Usted me dijo que lo llamara hoy (si nos dirigimos a un hombre), ¿Desea usted que la acompañe? (si nos dirigimos a una mujer). A usted le pido que venga. Etc.


Caso aparte merece el uso de usted en Costa Rica y en Colombia. Posiblemente por haber conservado cierto formalismo en la manera de tratarse entre familiares o por otras razones (en Costa Rica el desapareció por completo desde el principio), el usted comenzó a generalizarse también en situaciones íntimas o de cariño, con lo que comenzó a dominar la forma de tratamiento entre familiares y entre iguales. Es frecuente entonces que tanto en uno como en otro país, los familiares o los niños se traten entre sí con el usted y no con el vos o el como podría esperarse. En los últimos años, la generalización del vos se ha hecho más fuerte en Costa Rica, con lo que el tradicional usté familiar (sin la -d) ha retrocedido en gran medida, aunque sin embargo, continúa compitiendo fuertemente con el vos. En Colombia, por otro lado, se sabe que sigue un usted muy frecuente, incluso su merced (a veces, su mercé, sin la -d), en el trato familiar, especialmente en ciertas zonas alejadas de los centros urbanos, pues durante mucho tiempo prevaleció la desconfianza al urbano. En ambos países, de todas formas, el usted formal también se usa en situaciones solemnes o cuando se trata a un desconocido.

Por otro lado, el uso de usted puede introducir sutiles variantes culturales y psicológicas en el trato, porque posee una fuerte connotación de formalismo y distancia. Es tan fuerte, que por mucho tiempo, los socialistas españoles consideraron el usted como una característica de la derecha conservadora mientras que vieron en el la igualdad social que pregonaban. Lo mismo se puede advertir en el uso del usted de acuerdo a las generaciones: los jóvenes tienden a evitarlo, mientras los mayores lo prefieren, precisamente por su formalidad.

En general, siguiendo esta característica de usted, si alguien desea poner distancia con respecto a otros, lo hace de inmediato con sólo usarlo. Si se desea, por el contrario, crear un ambiente de intimidad, recurre al tuteo (o al voseo). El efecto es instántaneo, inequívoco. Recuerdo, para ilustrar esta situación, un bolero clásico que se llamaba Usted. En las canciones de amor, impera el como forma de tratamiento, pues es normal que se canten entre amantes, pero el bolero Usted, con sólo usar este pronombre, indicaba un amor imposible, de un hombre inferior a una mujer en una escala social o en una edad que le estaba prohibida:




Con respecto a los registros escritos, frecuentemente usted se contrae a Ud. o Vd. (ésta es más antigua).

Para la próxima vez, les tocará el turno a ustedes... y a vosotros.



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Wednesday, June 17, 2009

¿Y vos? ¿Qué pensás?

En muchos textos de enseñanza del castellano se incluyen ejemplos de conjugaciones verbales con sus correspondientes personas gramaticales. Tenemos yo, tú, él/ella, nosotros, vosotros, ellos/as en una gran cantidad de dichos textos, junto a verbos modelos, como hablar, comer, vivir, etc. (yo hablo, comes, él vive, nosotros tenemos, ...) Hasta aquí, nadie considera necesario preguntarse si esta forma de explicar las conjugaciones verbales españolas está completa. Todo el mundo la aprende así y listo. Pero luego, cuando el estudiante de español sale a la calle y se acerca a una oficina o una tienda, alguien le pregunta: ¿Y usted, señor, qué desea? O en una fiesta con amigos hispanohablantes, conoce a alguien nuevo que le pregunta: ¿Cómo te llamás vos? Naturalmente, nuestro estudiante puede pensar: ¿Qué es esto? Y con razón, pues no sólo el es una persona gramatical importante de estudiar, sino que el usted y el vos se combinan en nuestro lenguaje diario. Incluso, yendo más lejos, no debemos olvidar al ustedes, el cual tampoco suele verse incluido en nuestros conocidos textos de enseñanza tradicionales.

En la actualidad, tú, vos y usted son personas gramaticales equivalentes: todas representan a la segunda persona del singular, esto es, al interlocutor. Cuando nos dirigimos a alguien, podemos tratarlo de , de vos o de usted, y en todos los casos será siempre la misma persona. Ustedes y vosotros son también personas gramaticales equivalentes: ambas representan a la segunda persona del plurarl, es decir, cuando hablamos con dos o más personas y nos dirigimos directamente a ellos. Podemos tratarlos de ustedes o de vosotros, que tendrá el mismo significado gramatical. Las diferencias estarán en las conjugaciones verbales -específicas para cada uno-, en el uso cultural o contextual de cada uno, en sus orígenes históricos, y en sus usos geográficos. (¡No es poco!)


Comencemos por el y el vos. Se llama tuteo al uso del y voseo al uso del vos.

proviene del tu latino. En latín, existía una sola forma para la segunda persona del singular y era tu. Para la segunda persona del plural existía vos. Cada pronombre tenía sus correspondientes conjugaciones verbales y otras concordancias. Con el paso de los siglos, al transformarse el latín en diferentes lenguas romances, también cambiaron paulatinamente sus formas personales. En español, poco a poco, el vos también comenzó a aplicarse a la segunda persona del singular y empezó a diferenciarse del en su contexto: el se reservó para situaciones informales o de confianza, y el vos para situaciones muy formales y/o de respeto, y para el plural. En épocas medievales, vos era usado para tratar a nobles y personas importantes, mientras el se usaba para la familia y el trato entre iguales. Además, vos era usado como plural.

Las transformaciones no quedaron allí. Poco a poco, comenzó a decirse "vos otros" para indicar un plural de segundas personas y reservarse el vos sólo para el singular. También comenzó a generalizarse tanto, que las personas ya no consideraban que era formal o respetuoso, por lo que usaron Vuestra Merced para referirse a nobles y personas importantes, y dejaron el vos para el trato familiar, junto al . Durante el siglo XVI, el vos "familiar" pasó a generalizarse en América, mientras en España fue eliminado por decisión de las Cortes. Con el transcurso del tiempo, desapareció por completo de España, donde quedó solamente el como trato familiar. En América, el vos se afianzó como trato familiar en zonas alejadas de la influencia española y desapareció en lugares donde ésta era muy poderosa. Por eso, en la actualidad, el vos como trato familiar quedó en países como Argentina, Uruguay, algunas zonas de Colombia y Centroamérica, y desapareció de México o de Perú, centros urbanos de la colonia española.

Hoy en día, poseemos dos registros de voseo: el voseo reverencial clásico, usado durante la Edad Media y que sólo queda en textos históricos o en narrativa histórica y no en la lengua hablada, y el voseo dialectal americano, el cual usa el vos en vez del para tratar a familiares y a iguales. Este voseo dialectal posee sus propias formas verbales (vos tenés, vos querés, vos pensás, decí, vení, etc.), que son diferentes de las conjugaciones del (tú tienes, tú quieres, tú piensas, di, ven, etc.), pero comparte con el otras formas gramaticales, como los pronombres directos (te) y los posesivos (tuyo). En los países donde predomina el vos, no se usa generalmente el tú, con algunas excepciones. Antes no se usaba en el lenguaje escrito, pero hoy en día abunda en obras literarias y anuncios comerciales. ¿Dónde lo encontramos? Principalmente en: Argentina, Paraguay, Uruguay, algunas zonas de Colombia, y en todo América Central excepto en Panamá. En otros países, como Ecuador, Chile y Venezuela coexiste con el tuteo en algunas zonas.

En otra entrada, charlaremos sobre usted, vosotros y ustedes. :)


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Tuesday, June 9, 2009

"Don" y "doña": una marca cultural

En la entrada pasada, estuvimos charlando sobre los títulos de tratamiento en el idioma español. Son útiles, frecuentes y se encuentran generalizados en la cultura y lengua españolas. Mencioné algunos usos de señor, señora y señorita, así como de títulos profesionales (doctor, licenciado, etc.) y de los títulos don y doña. Estos últimos merecen una atención especial, pues ocupan una posición particular en la lengua española.

Don proviene del latín dominus, que significa señor y que también originó la palabra dueño. Doña, como es de suponer, proviene de domina (señora), término que también originó dueña. En tiempos de la Edad Media española, tanto don como doña eran fórmulas de tratamiento reservadas para los reyes, sus parientes más cercanos y altos dignatarios de la Iglesia, como arzobispos o cardenales. Infundía respeto, y se usaba con el nombre de pila o con éste y el apellido. Con el paso del tiempo, las reglas estrictas para otorgar el derecho de usar don o doña se hicieron un poco más flexibles, con lo que se extendieron a otros nobles, miembros del cuerpo militar, hidalgos y obispos. Sin embargo, en pleno siglo XVI no se usaba entre la plebe. Por eso Sancho Panza no considera apropiado que Alonso Quijano se atreva a usar un don delante de su nuevo nombre (Don Quijote de la Mancha), aunque se supone que el viejo Quijano era un hidalgo venido a menos.


En esos tiempos, el uso del don y del doña estaba regulado y registrado, pero en América no se observaron reglas tan estrictas y posiblemente se generalizó más rápido que en la península ibérica, aunque no se pudiera "demostrar" la nobleza o hidalguía de quien lo usaba. Incluso se le asignaba a indígenas americanos que hubieran ostentado altos cargos (príncipes, sacerdotes, etc.) y que los hacía presentarse como equivalentes a nobles. Vemos pues que el uso de don y doña no se extendió a la plebe hasta el siglo XX.

Hoy en día el uso de don y doña es generalizado en todo el mundo hispanohablante con diferentes grados de frecuencia y matices. En general, la regla sigue siendo la misma: delante del nombre de pila o de éste y el apellido, como por ejemplo don Juan o don Juan Quirós, doña Cecilia o doña Cecilia Martínez (no se usa nunca solo con el apellido: don Quirós o doña Martínez son imposibles). Usadas de esta forma, ambas formas de tratamiento transmiten respeto. Suele utilizarse con personas mayores o con superiores jerárquicos. En algunos países, como España, se reserva sólo para situaciones muy formales, mientras que en varios países de América Latina su uso sigue siendo muy extendido aunque las situaciones no sean muy formales. Se emplea también con cierta familiaridad con clientes a los que se conoce bien o con personas mayores que pertenecen a nuestra familia.

El uso de don y doña en solitario se le supone similar al señor o señora, pero creo que aquí intervienen varios factores culturales en juego. Decir ¿en qué le puedo servir, don? puede ser interpretado de forma diferente si estás en México a si estás en Costa Rica, por ejemplo. En México se ve como un simple sustituto de señor, pero en Costa Rica es un signo de exceso de confianza y por tanto, irrespetuoso, o también como propio de personas de baja educación. En este último país, por tanto, sería mejor usar el don sólo con el nombre o, si no se le conoce, sustituirlo por señor. La regla se aplica de igual forma a la versión femenina doña- señora. En algunos países, incluso, don y doña han experimentado la aplicación del diminutivo: doncito- doñita. En este caso, nunca se usa con el nombre de la persona. Debemos entonces aplicar las reglas propias del país o región donde nos hallemos: en México, volviendo a nuestro ejemplo, si usamos doncito o doñita se interpreta como familiaridad cariñosa, en Costa Rica como familiaridad irrespetuosa o propio de personas sin educación. Por tanto, mi recomendación es usar el don o el doña siempre con el nombre, pero si no se conoce, utilizar el formal señor/señora.

Ahora bien, usar don o doña como un sustantivo, con un artículo o un demostrativo delante, es interpretado como tratamiento despreciativo en cualquier lugar: ese don, esta doña, el doncito me dijo, la doñita no llegó, etc.

Otro uso interesante de don o doña es a nivel comercial o en ciertas expresiones idiomáticas. Don o doña tienen una connotación de grande o formal. A veces, para dar a entender que nuestro negocio es el mejor de su clase o contiene todo lo que el cliente necesita, le ponemos como nombre "Don...": por ejemplo, "Don Tornillo", "Don Balón", etc. De la misma forma, si decimos que alguien es un Don Nadie, enfatizamos lo insignificante que es con la fórmula "don". En fábulas o cuentos infantiles, muchos personajes animales que hablan y se relacionan como si fueran vecinos humanos, son llamados don o doña para humanizarlos y a la vez civilizarlos. Así tenemos cuentos sobre Don Conejo o Don Coyote, no sobre un conejo y un coyote, sobre doña Urraca o don Tigre, no de una urraca y un tigre. El efecto es inmediato: familiaridad y identificación instántaneas. :)


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Wednesday, May 27, 2009

Títulos de tratamiento

En nuestra vida diaria acostumbrarnos a seguir ciertas reglas de cortesía que son similares en diferentes culturas y países. Una de ellas es la costumbre de dar "títulos de tratamiento" a las personas, los cuales no tienen nada que ver con sus nombres. Por ejemplo, en inglés existen "mister" o Mr., "mistress", Mrs., Miss. En francés encontramos "monsieur", "madame", mademoiselle", etc. En alemán tenemos Herr, Frau, Fräulein, etc. En italiano ncontramos "signore", "signora", "signorina", etc. Y podríamos continuar con una larga lista de títulos en muchos otros idiomas. El español, como es natural, también los tiene: señor, señora, señorita, don, doña. A estos títulos de tratamiento hay que añadir los que corresponden a la academia o a la práctica profesional: doctor o Dr., licenciado o Lic., ingeniero o Ing., etc. Normalmente no representan un problema para el estudiante de español, aunque algunas veces se presentan situaciones extrañas o confusas en el uso de estas palabras.

En general, señor, señora o señorita pueden usarse solos o junto al nombre de la persona. Es un tratamiento respetuoso y cortés, formal, que se utiliza con personas que no conocemos o en eventos solemnes. También se trata de señor o señora a una autoridad (el jefe, un policía) o a un cliente en una tienda o centro de servicios (Buenos días, señor, ¿en qué le puedo ayudar?). Decir "¿cómo está, señora?" es tan apropiado como decir "¿cómo está, señora Rodríguez?" (si conoce el apellido de la persona). No es usual colocar el nombre de pila junto a esta forma de tratamiento sin el apellido, por ejemplo, "señora Juana". Se prefiere usar el nombre con el apellido, o solo: señora Juana Campos, o simplemente, señora. El uso de señorita ha decaído en los últimos años. Este tratamiento se reservaba a las mujeres solteras, que normalmente eran jóvenes. Hoy en día, sin embargo, suele reservarse a mujeres jóvenes en general, en situaciones muy formales, pero si su aspecto no es juvenil se prefiere señora, sin importar su estado civil -a menos que la persona indique lo contrario-. En una situación informal, el título señorita desaparece por completo. En algunos países, por ejemplo, para dirigirse a la dependienta de una tienda o a una mesera con aspecto juvenil, se le llama joven en vez de señorita. Sin embargo, si en esos casos el estudiante de español usa "señorita", es perfectamente apropiado y no tendrá ningún problema.


Los términos don y doña son especiales. De vieja data, pues existen desde épocas medievales, hoy son moneda corriente en el lenguaje coloquial castellano. Hace mucho tiempo eran correspondientes a títulos nobiliarios. Luego se transformaron en fórmulas de profundo respeto. Hoy en día, sin embargo, son títulos más familiares, que se usan con personas mayores que nosotros (nunca a personas menores que nosotros) o en posición de autoridad, pero con quienes tenemos una situación de cercanía. También se usa con clientes o pacientes con quienes se mantiene una relación cercana, aunque sean menores que nosotros. Desde este punto de vista, son menos formales que señor o señora. Se usan normalmente con el nombre de pila, como por ejemplo don Rodrigo, don Carlos, doña Patricia, doña Marta. En situaciones mucho más formales, pueden usarse con el nombre y el apellido: Don Rodrigo González, doña Marta Sánchez. En estos casos son el equivalente a señor y a señora. Nunca se usan con el apellido directamente: Don González no es posible. Finalmente, no se deben usar solos (Oiga, don, ¿qué hora es?), pues pierden su sentido formal y hasta pueden ser tenidos como irrespetuosos en algunos casos.

En general, don y doña son preferidos por los hispanoparlantes frente a señor y señora: Si puedes decir don Roberto en vez de señor Martínez, dirás don Roberto. Es una tendencia cultural.

En el caso de doctor, licenciado, o ingeniero, son títulos académicos o profesionales que suelen usarse en situaciones relacionadas con la actividad profesional o en situaciones de mucha formalidad. Incluso en algunos países, el término doctor se usa como señor, aunque la persona no sea un médico o no tenga el título académico propiamente dicho. Es importante no olvidar mantener el género: a las mujeres se les dirá doctora, licenciada o ingeniera.

Finalmente, cuando vamos a pronunciar un discurso y nos dirigimos a un público amplio, diremos: "Damas y caballeros, (o bien, señoras y señores) este artículo ha llegado a su fin. Gracias."

En artículos futuros, comentaremos otros aspectos interesantes de estos títulos de tratamiento.


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Friday, May 15, 2009

¿La "h" es útil?

Si pensamos en la pronunciación, el español es una lengua fácil de aprender. Sus reglas de pronunciación son muy sencillas.  Lo único que los profesores de español advertimos a nuestros estudiantes es que unas pocas letras del alfabeto español poseen reglas de pronunciación muy particulares, pero la mayoría tienen un único sonido asociado invariable.  De las pocas excepciones, una letra que destaca es la h.  En español, la h sólo "suena" cuando se acompaña de la c en la combinación ch.  Durante muchos años, los diccionarios españoles consideraron a la ch como una letra más del alfabeto, aunque hoy en día se vuelve a incluir dentro del apartado de la c.  Su sonido es muy especial y también invariable.  Aparte de este caso, sólo cuando la unimos a la s, en expresiones como "¡shh!", podemos "escuchar" un sonido.  En general, en el resto de los casos, tenemos que la h presenta la extraña característica de que no suena.  Es muda.  Si no suena, podrían ustedes pensar, ¿para qué sirve?

El problema es que dicha falta de sonido es causa de muchos errores ortográficos cuando se escribe en español, no sólo de parte de estudiantes extranjeros sino de los mismos hispanohablantes también.  Se destina mucho tiempo a enseñar a los niños y adolescentes a escribir correctamente la h en un inmenso número de palabras y a evitarla en otro enorme número de palabras también.  Tan abultado es el problema que algunos escritores y lingüistas han propuesto que se elimine.  Sin embargo, la h continúa existiendo en el idioma español y no parece que vaya a desaparecer ni pronto ni en mucho tiempo.

La pregunta es entonces, ¿acaso la h es útil?  ¿Por qué insistimos en utilizarla?  Sólo se la usa en el idioma escrito, claro está, pues en la lengua hablada desaparece por completo*, pero como ustedes mismos pueden comprobar a lo largo de estos párrafos, yo misma la he usado constantemente.

En realidad, pienso que la h sigue existiendo en el español por dos razones: una histórica y otra práctica.  La razón histórica se encuentra en el desarrollo del idioma español a lo largo del tiempo.  Siendo un idioma de origen latino, la mayor parte de su vocabulario y estructuras provienen de la manera en que se hablaba y escribía el latín (en especial, el latín vulgar).  Muchas palabras que se pronunciaban y se escribían con f en el latín cambiaron en el transcurso de los siglos y su sonido original de "f" se convirtió en una "h" aspirada para concluir en una h muda moderna.  Encontramos ejemplos en palabras como "hijo" (filius), "hierro" (ferrum), "hacer" (facere), etc.  Muchas palabras latinas o de origen griego que se escribían con h (y posiblemente tenían una pronunciación particular), hoy se escriben en español también con h, como por ejemplo "heterogéneo" (de heterus, diferente), o como "honesto" (honestus), "helio" (helius), etc. Otras palabras provenientes de otras lenguas que también contribuyeron a la formación del idioma español, como el mozárabe y ciertas lenguas germánicas, dejaron su huella en palabras que hoy contienen h, porque en su versión original correspondía a un sonido que ya no existe en nuestro español moderno. Ejemplos: "almohada", "zanahoria", "alcohol", etc.  En estos casos, la h sigue siendo muda.  La única excepción se encuentra en aquellas palabras de origen extranjero que conservan la pronunciación de la h del idioma original, como es el caso de "hámster", donde la h se pronuncia como una j española suave.

La razón práctica es de orden.  La h permite clasificar apropiadamente las palabras, sus orígenes y sus derivaciones.  Permite formar nuevas palabras y nombrar apropiadamente los objetos o los fenómenos. Además, en casos de homofonía, es decir, cuando tenemos dos palabras que suenan exactamente igual, podemos distinguir fácilmente entre las dos si una de ellas lleva una h.  Por ejemplo, en las palabras "hasta" y "asta", "haya" y "aya", "hola" y "ola", "hay" y "ay", "hato" y "ato", etc.  En la lengua hablada, las palabras homófonas se distinguen por el contexto y por la entonación.  En la lengua escrita se distinguen inmediatamente por una diferencia de grafía, como la h.

En suma, aunque pueda parecer inútil e incluso, confusa, la h sigue teniendo una gran presencia y enorme relevancia en el idioma español.  La mejor manera de recordar cuándo se escribe y cuándo no, es practicando una lectura constante, lo cual siempre es la mejor fuente de adquisición de vocabulario.

*Algunas comunidades de España suelen pronunciar un sonido suave en la h inicial de ciertas palabras, como un resabio de otras épocas cuando dichas palabras se escribían con f.

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Thursday, April 23, 2009

Resignación ante lo intraducible

Hace muchos años, en la televisión de mi país, aparecía un anuncio comercial de un producto para la Navidad.  El producto era una marca de harina de maíz, la cual se usa para preparar muchos platos típicos de la región, entre los cuales se encuentran los "tamales", comida que suele estar en la cena de Nochebuena (o víspera de Navidad).  En el anuncio comercial, una familia se reunía a cenar con tamales preparados con la marca promocionada.  En el momento más importante del anuncio, el abuelo, que estaba comiendo muy complacido su propio tamal, exclamó: ¿Tamal? ¡Ta'bien! Y el resto de la familia se echaba a reír.  ¿Cómo traducir esta expresión al estudiante extranjero que está aprendiendo español?  Resulta, en realidad, imposible, porque se trata de un juego de palabras intraducible. 

Los ejemplos de expresiones y juegos de palabras intraducibles abundan en el lenguaje coloquial y muchas veces en el lenguaje escrito.  Chistes, respuestas ingeniosas, expresiones idiomáticas, nombres particulares de comidas o de animales, canciones y bailes, en fin, la lista es larga.  Es parte de la riqueza de un idioma, y tarde o temprano el estudiante de lenguas extranjeras se encontrará con casos de este tipo.   No hay motivo para frustrarse.  Ni tampoco para intentar traducirlo.  No es necesario traducirlo todo.  Incluso los traductores profesionales, cuando tropiezan con juegos de palabras intraducibles, dejan una nota en el texto donde explican la expresión, precisamente porque no pueden traducirla.

En otros idiomas existen ejemplos similares.  En mi caso, he encontrado muchas veces ejemplos de expresiones inglesas o juegos de palabras que no puedo traducir y que es preciso entender en su contexto original.  En el caso de mis estudiantes de español, la situación es la misma.  ¿Cuál es la mejor estrategia frente a este tipo de "problema"?  En realidad, sólo resignación. Conforme un estudiante de idiomas obtiene más conocimientos y más comprensión de la lengua que está estudiando, se dará cuenta de que las expresiones intraducibles se vuelven claras, fáciles de comprender, y no sentirá la necesidad de traducirla.  Resulta una señal magnífica de nos introducimos dentro de toda una cultura nueva.  ¡Disfrútenlo!

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